El incesante desgaste del PP

No quieren darse por enterados, deben confiar en que escampará, pero el desgate del PP es incesante y se nota en cada encuesta nacional o regional. En los principios de la democracia, cuando la estabilidad política era un objetivo deseable, decían los enterados que los partidos centrales, los que tenían probabilidades firmes de gobernar, debían ser entre primeros y terceros en votos en las comunidades históricas, en País Vasco y Cataluña. Y entre el primero y segundo en las demás regiones. Así fue durante muchos años y legislaturas, pero ya no lo es. Las dos últimas elecciones generales socialistas y populares quedaron terceros y quintos en Cataluña y País Vasco, con tendencia a la baja. Además en Madrid y Valencia, tradicionales graneros electorales de los socialistas, el PSOE quedó tercero y en las últimas encuestas el PP se val tercer puesto en Andalucía, uno de sus agujeros tradicionales.

El PP está en permanente retroceso desde 2014 y el PSOE parece haber estabilizado su caída en un suelo que está en la cota más baja desde que primeras elecciones democráticas. Para los populares el riesgo de quedar terceros empieza a ser una hipótesis razonable, aunque el último barómetro del CIS, les seguía colocando en cabeza (26,3%) en voto estimado, en voto directo (15,5%) eran los terceros.

El CIS tiene muy en cuenta los procedentes, más que las estimaciones de analistas privados que priman la foto fija del momento y colocan al PP por detrás de Ciudadanos y a poca distancia de los socialistas. La estimación para Andalucía publicada hace unas horas coloca al PP por detrás de Ciudadanos, en tercer lugar, por debajo incluso de la suma de Podemos e Izquierda Unida que en Andalucía van cada uno con su lista.

A cada nueva encuesta se acentúa la debilidad del PP que no ha encontrado su suelo y que, con su fragilidad para pactar, corre el riesgo que quedar fuera del espacio de gobierno, instalado en una oposición que genera pocas posibilidades de empleo público.

El último disparo al pie de los populares es el que se refiere a los pensionistas que era una de las últimas reservas de voto. Las recientes manifestaciones de pensionistas y el argumento de la pérdida de capacidad adquisitiva  pésimamente contrarrestado tanto por la ministra del ramo como por el propio presidente puede ser el penúltimo agujero electoral para profundizar el suelo de Rajoy, que no está dispuesto a abrir el debate interno para reactivar al partido antes de un desastre electoral sin paliativos.

Rajoy no acertó a leer los resultados de las últimas europeas, mayo de 2014, no quiso o no supo interpretar que se abría una etapa nueva. De entonces acá retrocede elección tras elección, sin que eso haya llevado al partido a hacer parada y fonda, a revisar la oferta y, sobre todo, las caras. El gobierno está agotado, sin ideas, con proyectos que descarrilan, sin fortaleza en el Parlamento y asediado en los tribunales con casos que llegan al final del trayecto con condenas contundentes.

Estos días la respuesta estratégica del PP ante su decadencia electoral se ha centrado en atacar a Ciudadanos, un aliado táctico, que a la vez es alternativa. Ataques que probablemente van a reforzar la alternativa y decantar indecisos en favor de Rivera mucho más fresco y creíble que Rajoy,  que no resiste la “maldita hemeroteca”.