La cotización de Telefónica: ¿oportunidad o riesgo?

Si el Barça es más que un club de fútbol Telefónica es más que una empresa cotizada. Representa eso que se llama “marca España” y también sostiene una parte del ahorro de inversores pequeños y no tan pequeños; también es soporte no pocas empresas del sector que río abajo dependen del caudal de la cabecera para sostener investigación e  innovación y para prestar servicios esenciales a millones de clientes que parar ganar competitividad necesitan que Telefónica funcione bien.

La semana pasada Telefónica presentó sus resultados del 2017 y avanzó algunas de las líneas estratégicas para el futuro con un equipo renovado desde la cabeza (el consejo) a toda la línea ejecutiva. Una preocupación sobrevuela la compañía: su cotización que es como decir su precio. A principios de este siglo la acción de Telefónica cotizaba por encima de 20€ (llegó a una punta de 26€) y daba codazos en los mercados globales para comprar, ampliar mercados, entrar en nuevos negocios… sin demasiada preocupación por la deuda ni la consolidación. Durante la presidencia de Cándido Velázquez y con el aliento del gobierno de Felipe González Telefónica invirtió en América y Europa, se internacionalizó mientras defendía el mercado local que durante muchos años fue monopolio. Luego llegó Villalonga, amparado por la nueva mayoría del PP de Aznar, para lanzar la compañía a no pocas aventuras de expansión horizontal y vertical. Cuantos pensaron que Telefónica de España se convertiría en satélite de algunas de las grandes operadoras americanas o europeas se equivocaron. La española voló por su cuenta para convertirse en uno de los jugadores mundiales con presencia dominante o muy influyente en una docena de mercados, incluidos Brasil, Gran Bretaña y Alemania.

Tras Villalonga, ya en el nuevo siglo, llegó César Alierta, un financiero, un profesional de los mercados, que por un lado tenía que consolidar el balance y las posiciones y por otro no perder iniciativa tecnológica. Con Alierta y a lo largo de década y media Telefónica ha ganado clientes, negocios, competitividad… pero la compañía perdió valor. También lo perdieron sus pares mundiales, el sector, pero la amargura de Alierta es que la compañía llegó a valer más de cien mil millones € y ahora cotiza en 40.000 millones€ que la convierten en vulnerable aparte de la  decepción de los accionistas.

El nuevo presidente, José María Álvarez-Pallete, es economista, hizo carrera en el área financiera, pero ahora está centrado en la tecnología, en la revolución digital y en un futuro que está por dibujarse y en el que las operadoras de telecomunicaciones no saben muy bien cuál será su negocio,  dónde van a ganar dinero. Eso es lo que le ocupa al presidente de Telefónica. También reducir la deuda de la compañía, algo que le reclaman desde hace años todos los analistas. También gestionar las relaciones con los reguladores, muchos reguladores en España, en Gran Bretaña, en Alemania, en Brasil… También reducir costes para mantener clientes y cuotas de negocio frente a viejos y nuevos competidores. También seguir invirtiendo en redes y en productos para satisfacer a los clientes. También colocar a la compañía en la vanguardia de la investigación tecnológica y soportar las detalladas de los gigantes de la GAFA o de los chinos más ambiciosos.

La presentación de resultados hace pocos días coincidió con el punto más bajo de cotización (7,5€) en lo que va de siglo, muy por debajo del consenso del mercado y desde luego de las expectativas del equipo de gestión. Los argumentos para explicar la resistencia de los inversores giran en torno a la deuda, a las incertidumbres británicas, al futuro de Brasil, a la dura competencia  en España, al desafío de las nuevas televisiones globales… todo ello tan razonable como inmanejable porque para todo hay respuestas. La reacción del mercado a las propuestas renovadas de Álvarez-Pallete ha sido positiva, la cotización recuperó en pocas horas los 8€, que parecen indicar voto de confianza. Y  los consensos de los analistas proponen un precio objetivo en torno a los 11€, muy lejos de los 20€ en los que confiaba Alierta en sus planes de bonus, pero que suponen parar una amenazante tendencia bajista.

Telefónica aspira a seguir siendo independiente y dominante, a crecer y reducir la deuda, a mantener una rentabilidad por dividendo superior al 5% y tiene argumentos para confiar, solo falta que el mercado lo ratifique. Si el precio de las acciones de Telefónica son oportunidad o riesgo es una de las respuestas más codiciadas del mercado.