Rajoy paga su deuda con Guindos

Los Hace pocas semanas Rajoy pagó su deuda con su jefe de gabinete Moragas con la embajada en Naciones Unidas que es uno de los premios mayores para un diplomático, sobre todo cuando apenas ha ejercido en la carrera. Moragas ayudó a Rajoy a transitar por algunos de los pasillos que s ele hacían cuesta arriba al presidente y tenía derecho a alguna recompensa. La embajada en Nueva York es un buen precio; otra cuestión es si Moragas era la mejor opción para esa embajada, que por otro lado tampoco conbt9ine especial difícil, especialmente cuando no lleva aparejada asiento en el Consejo de Seguridad.

Más delicada era la deuda del Presidente con Luis de Guindos que fue leal a Rajoy en los tiempos obscuros, que recibió la confianza del ministerio de Economía con un desempeño con luces y sombras pero, a la postre, satisfactorio para el presidente, al margen de algún gambito tecnocrático que alarmó a La Moncloa.

Luis de Guindos tenía dos alternativas para concluir su carrea profesional: recalar en las alturas del sector privado (la vía Rato), o concluir la carrera administrativa en un organismo internacional de campanillas. La presidencia del Eurogrupo no era una estación final, más bien una etapa intermedia a la meta soñada. Aquello no funcionó porque las credenciales españolas eran insuficientes y, por el camino se cruzaron otras preferencias, especialmente francesas, que abrieron la puerta al candidato portugués.

Pero aquel fracaso español significó un paso atrás para mejorar posición futura; relegar la candidatura del español al Banco Central Europeo suponía un desdén insoportable para Rajoy y para España. Por eso la designación ha tenido un inusitado (y desproporcionado) relieve en los medios españoles con posicionamientos político-partidistas como el del PSOE que ha rozado lo ridículo por innecesario e inútil.

El problema de Guindos era que Rajoy no le diera la carta de libertad que supone el coste de elegir un nuevo ministro. Retener a Guindos se hubiera interpretado como pereza presidencial o alguna hipotética cuenta pendiente con su ministro. Rajoy ha satisfecho a Guindos que podrá coronar su carrea político-profesional con un cargo mayor, para el cual sus credenciales son insuficientes en la actual coyuntura, pero que los jefes de gobierno de la unión no podían negar al compañero Mariano Rajoy.

Pretender que la presencia de Guindos en el Consejo ejecutivo del BCE otorga alguna ventaja a España es mucho pretender. Ninguno de los miembros del consejo del BCE puede hacer política nacional, no está en los tratados, no sería ético ni estético, ni siquiera es posible. Por eso festejar que un español esté en ese selecto club no tiene sentido. Guindos ha conseguido uno de sus dos objetivos preferentes, un mandato por nueve años que le dejará en zona de jubilación con credenciales para una última ocupación rentable. Rajoy va dando satisfacción a los que le acompañaron en las horas difíciles que no descarrilaron por el camino.