¿A quién perjudicaría la reforma electoral?

Los nuevos partidos, los pretendientes, proponen una reforma electoral para mejorar la proporcionalidad, para no primar a los partidos dominantes con un sistema de restos que favorece a los más votados y perjudica a los minoritarios con voto disperso. Pero la cuestión no radica en el sistema de restos con un procedimiento, más o menos proporcional, sino en el distrito electoral. En las elecciones europeas, con distrito nacional único, la proporcionalidad es casi perfecta, cada 2% da derecho a un escaño y solo se pierden del orden del 10% de votos por restos decimales o voto a partidos que no alcanzan la cota.

En las generales con 52 distritos el resultado es más matizado, de hecho son 52 elecciones generales con distinta ponderación en cada distrito. Para las autonómicas la proporcionalidad mejora y otro tanto para las municipales. De hecho el modelo que deja más votos sin representación  es el mayoritario con listas abiertas que ocupa el 80% de los asientos del Senado; at además cada asiento requiere un número de votos muy distinto (un millón en Madrid, 10.000 en Soria).

Es frecuente (Italia, Grecia…) en sistemas proporcionales que sufren de baja estabilidad gubernamental y dificultades para formar gobierno que se otorguen primas muy generosas al partido ganador para facilitar la gobernabilidad, lo cual resta proporcionalidad.

La reforma que pretenden Ciudadanos y Podemos pretende ganar en proporcionalidad, lo cual significa restar preferencia a los partidos más votados. Cuando aplican modelos más proporcionales al modelo el PP pierde asientos que ganan Ciudadanos y Podemos. Es el resultado del retrovisor, en función del voto pasado. El problema es que ahora las encuestas pronostican un ranking mucho más ajustado, ningún partido llega al 30% y el margen entre los tres primeros es muy estrecho (22-27%) sin que el orden esté garantizado.

Con ese cuadro la proporcionalidad se ajusta, aunque las provincias con tres y cuatro diputados seguirán otorgando una leve preferencia al más votado que puede aspirar con posibilidades al último asiento.

En resumen que en esto de sistemas electorales cuando se estudian con el retrovisor de las últimas elecciones se pueden cometer errores coyunturales de bulto. El viaje de la reforma electoral es incierto. Los de Podemos esperan convencer al PSOE con el argumento de que restar escaños al PP favorece sus posibilidades de alianza por la izquierda y por el centro, lo cual amplía las posibilidades de que Sánchez llegue a Presidente, que es su objeto principal.

Lo más aconsejable con los sistemas electorales es no agitarlos, no toquetearlos, en función de los resultados anteriores. El mayor problema de la actual democracia española con el mapa de partidos y preferencias me parece que no es de proporcionalidad sino de riesgo de gobernabilidad. Las experiencias tras las dos últimas elecciones aconsejan experimentar con gaseosa en la reforma electoral no vaya a ser que los resultados no sean los buscados.