Los “libres” catalanes advierten a los patriotas

En la encrucijada actual, con la sedición catalana sobre la mesa de operaciones, leer La Vanguardia me parece un ejercicio necesario. No solo La Vanguardia pero también La Vanguardia, porque se trata del primer diario de referencia (hasta hoy) de muchos barceloneses y también catalanes; en su redacción hay de todo, aunque predomine el catalanismo con sus distintas familias. Otro tanto en su larga lista de articulistas que reproducen, con más o menos sesgos y preferencias, el mapa escénico catalán. Hace pocos días uno de los articulistas manifestaba su asombro ante el silencio de los intelectuales españoles progresistas, no podía comprender cómo no claman contra el encarcelamiento de los dirigentes sediciosos (él no les llamaba así). Es obvio que ese asombro forma parte del problema y explica el calado de la ruptura.

Ayer en la última página de opinión de La Vanguardia, la cuarta, aparecía uno de esos artículos colectivos que advierten que varias personas han trabajado un tema y alcanzado unas conclusiones compartidas. Los firmantes forman parte del amplio grupo de personas con identidad compartida, española y catalana sin entrar en muchos más detalles. Burniol, Lanaspa, Gay, Alberich, Bricall, Aliana, Miró Ardevol y Alfredo Pastor, bajo el lema compartido “Treva i Pau” (tregua y paz) un movimiento social de la Cataluña medieval en demanda de derechos frente al feudalismo. Algunos de ellos alineados en el partido denominado “Libres” y otros conocidos por su relevancia social.

El artículo se titula “Catalanismo y cohesión social” que es el presupuesto básico del trabajo: el catalanismo, sostienen, ha cohesionado, ha sido inclusivo, de los catalanes de siempre y de “els altres catalans” (el famoso libro de Candel), y también de los nuevos catalanes. Su tesis es que no se puede arrinconar el catalanismo porque “no exige renunciar a otros sentimientos de pertenencia y admite gradaciones y matices”. Advierten que “el 60% de los ciudadanos de Catalunya comparten, en proporción variable, el doble sentimiento catalán y español”, para concluir que “más de un tercio de los independentistas y la mayoría de los independentistas sobrevenidos (la cursiva tienen significado) tienen algún grado de sentimiento de pertenencia español”.

Una exposición inicial matizada al siguiente párrafo: “El actual relato hegemónico ha llevado a la sustitución parcial del catalanismo por el independentismo, la senyera por la estelada, hasta generar una fractura que lleva a muchos catalanes, de origen y adscripción, a sentirse forasteros en su propia casa… El nacionalismo independentista ha alterado, de forma unilateral, el pacto social inclusivo del catalanismo… la discordia se ha instalado en nuestra sociedad ahora fracturada”.

Los dos párrafos finales son pesimistas, doloridos, aluden a “mentiras, intolerancia,  exabruptos, postverdad…” para concluir que si no se suelda la fractura “estaremos condenados al estancamiento y la irrelevancia” culpabilizando del problema a “los presuntos patriotas a uno y otro lado del Ebro”.

El diagnóstico me parece poco discutible, la descripción lamentablemente certera, pero la alusión a dos presuntos patriotas (tercera vía) excesiva. El problema catalán es esencialmente catalán, especialmente de los presuntos patriotas catalanes que abandonaron el catalanismo para entregarse a un independentismo secesionista unilateral. Algo que solo ellos pueden arreglar, que no puede ser transaccional por contradictorio.