Unos “numericos” sobre los impuestos Sánchez

Sospecho que solo se trataba de hacer un poco de ruido y dar el pego populista-izquierdista-infantil de castigar a los banqueros y subirlos impuestos para una buena acción: impuestos para pensiones, que equivale a aquello del “céntimo sanitario” sobre la gasolina que luego hubo que rectificar con no pocas complicaciones y perjuicios para los de siempre. El dato de que nadie se ha inmutado es que las cotizaciones de los bancos, días después de la propuesta, no han sufrido nada.

Pero los “numericos” que implica la propuesta tienen algún interés, aunque solo sea por tener en cuenta las consecuencias encadenadas de las ocurrencias. Aunque Sánchez no detalló en su intervención del martes el impuesto a los bancos para pagar pensiones se concreta en un tipo del 8% extraordinario o adicional en el impuesto de sociedades aplicado a los bancos. No han precisado si solo a los bancos regulados o también a otras entidades financieras de distinto pelaje: banca en la sombra, financieras… Por la cifra apuntada de recaudación hipotética (unos 850 millones € al año) parece referirse a la banca supervisada.

Añadir ocho puntos al impuesto de sociedades (IS) significa detraer la cifra correspondiente del beneficio después de impuestos. Sobre unos teóricos 100€ de beneficio antes de impuesto 8 se destinarían a ese impuesto finalista. Si estimamos que el IS se sitúa en torno al 30% (puede bajar por deducciones legales)  el beneficio neto restante sería 100-8-30= 62€, ocho menos del cuadro en vigor.

Ese beneficio neto se destina, habitualmente, a partes iguales a reservas (capitalizar la entidad, robustecerla)  y a dividendos, que son sujeto tributario del IRFP con tipos que pueden ir del 20 al 50%, de manera que los que el Estado se queda para el recargo resta luego del IRPF en cantidades difíciles de determinar pero nada despreciables.

Lo peor no es eso, sino que un menor dividendo incide, inevitablemente, en la capitalización de la sociedad y, consecuentemente, en su necesidad de captar más recursos en el mercado de capitales para cumplir con los coeficientes de solvencia. Además al retener menos beneficios hay que buscar más capital. De manera que estamos ante una operación de desvestir a un santo para vestir a otro. En estos momentos debilitar las expectativas de beneficios de bancos cotizados a los que se requiere capitalización, no parece muy inteligente. Eso sin perder de vista que la recaudación obtenida apenas resuelve la décima parte del problema, es decir un viaje sin alforjas.

¿Qué lleva a los dirigentes de un partido político que ha gobernado, que conoce los números y los expedientes, que dispone de técnicos más o menos cercanos a los que consultar a formular propuestas de tan poco fuste? Pues que se lo hagan mirar, no soy capaz de entenderlo. El mercado no ha hecho el menor caso a la ocurrencia pero pudiera pensar que tiene visos y la respuesta no sería muy amable ni para las cotizaciones ni para la prima de riesgo. Hacer los “numericos” antes de lanzarse a la piscina significa trabajar con cabeza, con prudencia, con responsabilidad.