Al año de legislatura…todo abierto

La legislatura empezó hace poco más de un año tras la investidura fallida de 2016 que forzó una nuevas elecciones en junio de 2016, seis meses después de las anteriores. Volver a convocar a los votantes no aclaró nada, dejaron las cosas como estaban: el PP mejoró algo a costa de PSOE y Ciudadanos y los demás quedaron como estaban. La aritmética casi imposible de las elecciones del 2015 no cambió nada seis meses después, los votantes volvieron a pedir a los elegidos que se entendieran. Algo para lo que o no están dispuestos o no están capacitados o ambas cosas a la vez.

Finalmente un PSOE catatónico que temía otras elecciones más que cualquier otra posibilidad, se abstuvo y allanó el camino a Rajoy para un gobierno precario que aparenta una fortaleza de la que carece. Si el gobierno aguanta es porque nadie le empuja para caer, ni tiene proyecto ni puede tenerlo sin el concurso de otros.

Ni socialistas ni populares se sienten capaces de una gran coalición a la alemana, carecen de visión, de proyecto y de sentido del riesgo y de la responsabilidad. Decían que para esa era la última de las hipótesis, que requería una situación de emergencia. En realidad la emergencia estaba en la antesala, la insurrección catalana llamaba a la puerta, sobre todo frente a un gobierno precario. Y cuando se produjo la emergencia hubo coalición de baja intensidad, el No es No de Sánchez (un monumento a la banalidad)  se convirtió en NO es NO, aunque DEPENDE.

Un año después de la investidura el PP es más débil que antes, los socialistas siguen catatónicos, aunque aliviados por el progresivo desmoronamiento de Podemos y asociados, Ciudadanos ha mejorado aunque de forma insuficiente para ser decisivos y los demás siguen donde estaban. Han pasado muchas cosas en pocos meses pero el mapa partidista parece inalterado e inalterable. Las encuestas apuntan que un adelanto electoral posibilitaría una mayoría PP-Ciudadanos, pero no es ese el mejor escenario para Rajoy que vive varado en el pasado, sin iniciativa y con la única estrategia de dejar que pase el tiempo y se equivoquen los demás.

No obstante el año empieza con un nuevo reparto de cartas propiciado por la crisis catalana que está más empantanada que la española, está sometida al inmovilismo de Rajoy y la otra al espiritismo de los independentistas cada día más entregados a la teleserie de incalculables capítulos en la que trabajan guionistas alejados de la realidad pero capaces de seducir a cientos de miles de personas.

El Congreso reanudará la legislatura con más oportunidades para las iniciativas de la oposición para castigar al gobierno que a éste para gobernar, legislatura basura que seguirá hundiendo la reputación del legislativo y el ejecutivo sin que nadie saque ventaja de ello. Nuevas cartas para los m ismos jugadores que no están dispuestos a dar un paso a tras ni a abrir puertas y ventanas a nuevas ideas y protagonistas. Todo demasiado abierto como para imaginar que un cambio es posible... por agotamiento, por la ley de la gravedad.