¿Qué no les gustó del discurso del Rey?

La serie de Neflix sobre el reinado de Isabel II (The Crown), además de la una realización que roza la perfección, cuenta con un excelente guión que al relato personal y familiar de la Reina une rigor histórico y pedagogía constitucional y democrática. Lo acreditó en la primera temporada con la relación entre la jefa del Estado y el primer ministro Churchill  y lo reitera en la segunda. La conversación en Palacio entre el primer ministro Eden y la Reina sobre la crisis de Suez me parece magistral. Cada cual en su sitio; el atormentado Eden tratando de disimular la profundidad de la crisis y sus errores de juicio, y la Reina preguntando con fuste para finalmente dejar claro que la Reina siempre está con el Primer ministro, aunque los gestos y las preguntas dejan claro que no comparte la estrategia. La Reina puede lo que puede y desde luego no puede modificar la política del gobierno.

El modelo constitucional español se parece al británico, el Rey reina pero no gobierna, encarna la soberanía nacional pero esta reside en el pueblo soberano y, por delegación, en el Parlamento que designa al Gobierno. En España del Rey solo (y nada menos) cabe esperar moderación, arbitrio, ejemplo y buen sentido. El pasado 3 de octubre el Rey asumió el riesgo de ir más lejos de su función, pero dijo lo que muchos españoles necesitaban escuchar, que hay Estado de derecho y soberanía nacional. La mayor parte de los españoles lo entendieron y agradecieron, de hecho el Rey llenó un hueco que dejó el Gobierno por razones inexplicables. La pasada “nochebuena”, en el discurso tradicional del Rey a los españoles D. Felipe tenía que reiterar los conceptos del día 3 pero sin asumir riesgos, con el tono de felicitación y buenos deseos que merece la fecha y el acto.

El mensaje fue preciso, ortodoxo, sin riesgos. Consiguió conectar el sentido del discurso del 3 de octubre con lo que debe ser la felicitación navideña. El repertorio de temas fue previsible, pero también riguroso, habló de lo que preocupa. El sentimiento de fondo corresponde con el que debe trasladar un líder: confianza, autoestima, esperanza y compromiso. Es difícil no estar de acuerdo con cada uno de los párrafos del mensaje, aunque sea legítimo el rechazo a la persona y la figura por lo que representa.

Por eso mismo las descalificaciones del mensaje desde las filas “indepes” resultan ridículas, de oficio. Las televisiones (unas más que otras) con esa  fascinación idiota que sienten por los “indepes” enlazaron los testimonios de distintos dirigentes catalanes, todos de la misma cordada, con argumentario inconsistente: es el Rey de los palos y las cárceles, decía uno,  el del 155, añadía otro. El más divertido reconocía que no había visto ni escuchado el mensaje pero por lo que le habían dicho que el Rey estuvo mal. Lo peor no era un juicio tan insustancial sino que alguna televisión le dio espacio y segundos, quizá pensaban que era noticia.

¿Qué fue lo que no les gustó del mensaje? Pues parece que no les gustó nada, el propio mensaje (por eso pasó de él la televisión oficial TV3), les disgusta el Rey, les debe molestar lo que huela a España, les incomoda lo que no comulga con sus aspiraciones. Lo curioso es que al mismo tiempo les impresiona la figura del Rey, sugieren que si llamara a Puigdemont y hablaran se arreglarían las cosas, lo cual tiene el mismo alcance que esa proposición de que ganando las elecciones (que no han ganado) los jueces tienen que hacer decaer las causas y olvidar la investigación de los delitos. En algo deben ser distintos, los mismos cromosomas... pero en distinto orden.

No les gustaría el mensaje pero la audiencia fue abrumadora, más que el programa más competitivo. No les gustará el Rey pero resulta que sale en las encuestas como la institución más respetada. No les gustó porque solo se gustan entre ellos mismos.