Un traumático viaje hasta el punto inicial

Los catalanes votaron de forma masiva y abrumadora para un resultado que tiene un análisis complejo, quizá imposible en las primeras horas porque aparentemente deja todo como estaba hace dos años, pero en realidad se han producido cambios de fondo cuyo alcance está por manifestarse. Por un lado aparecen nuevos protagonistas que no estaban en el escenario hace pocos años. Por otro surgen nuevas formaciones con estructura singular.

Una primera conclusión válida, e insuficientemente destacada hasta ahora, es que las elecciones funcionaron con rigurosa normalidad y eficacia, sin impugnaciones, sin sombras, con plena validez. La normalidad no es noticia aunque en este caso lo sea. Otra conclusión válida es el desastre de tres partidos tradicionales: PP, PSC y la vieja Convergencia. Tres partidos que han sido centrales en la gobernación de Cataluña que han quedado laminados: el PP por su irrelevancia electoral, ni siquiera tendrá grupo parlamentario, el peor resultado de toda su historia.  Convergencia, que ya desapareció, queda suplantada por un partido-movimiento, el de Puigdemont, que ha llegado para integrar el independentismo. ERC, cuando creía que era su momento, se ve relegada a fuerza secundaria, y las CUP apuntan a convertirse en compañeros de viaje del movimiento encabezado por Puigdemont donde ya emergen nuevos líderes jóvenes, con su ensoñación reforzada. Los socialistas que aspiraban a encabezar el gobierno se quedan donde estaban, ganan un escaño, un punto, unos miles de votos pero carecen de relevancia, no pintan nada y restan al PSOE en España.

Que la lista Puigdemont haya conseguido 32 escaños con algo más de 900.000 votos es asombroso. Que un político fracasado, huido, sin más oferta que una república soñada y una independencia imposible, arrastre a uno de cada cinco votantes roza la extravagancia. Hay que dar margen para ver qué sale de todo esto.

Los independentistas no han ganado nada, siguen instalados en ese 47% de votos que les acompañan en todas las elecciones autonómicas de este siglo (7). No tienen mayoría aunque se atrincheran en la mayoría parlamentaria que siempre han tenido y que les otorga una ley electoral muy favorable a sus intereses. No es casualidad que Cataluña sea la única comunidad autónoma que no ha hecho uso de sus facultades legislativas para modificar la ley electoral española. Les va bien castigar el voto urbano y cosmopolita.

El resultado ratifica la Cataluña dual, partida, aparentemente irreconciliable. Confirma que Rajoy no entiende el problema catalán y que no será capaz de resolverlo. Y al mismo tiempo y por ello, abre la puerta a la alternativa de un nuevo partido, Ciudadanos, con una visión clara de España que apoya uno de cada cuatro catalanes (uno de cada tres en Barcelona), es el partido más votado en Cataluña aunque no va a gobernar.

Sobre quién gobernará Cataluña es prematuro aventurar pronóstico, el independentismo está unido en ese objetivo, pero enfrentado en el cómo y en el para qué. Cataluña no va bien y no va a ir mejor; despertar del sueño requiere tiempo, choques con la realidad, propuestas con fuste.

Cataluña es un problema fundamentalmente para los catalanes, al que el resto de España tendrá que tomar distancia y algo de indiferencia, entre otras razones porque la energía nacional española hay que dedicarla a España, cuanto mejor vaya España menos sentido tendrá el sueño independentista catalán, un sueño que como se ha demostrado estos últimos meses es imposible.