SMI, lo mejor es que haya acuerdo

Sobre salarios mínimos por ley hay abundante literatura que no acredita nada; algunos insisten en que a mayor salario mínimo (SMI) menos empleo, incluso que el mejor SMI es el que no existe. Pero la realidad no avala esa tesis más allá de la teoría. El mayor empleo no se corresponde ni con SMI bajos ni con la ausencia de esa exigencia. De hecho cada vez más países se han sumado en la práctica al establecimiento de un salario mínimo  por decreto. En realidad la respuesta más correcta en este debate es, como en tantos otros temas económicos: “depende”.

En la formación de precios son demasiados los factores que influyen, incluidos los imprevisibles. Y como el salario es un precio su fijación está sometida a muchos factores incontrolables. En España el SMI tiene larga tradición, aunque también una práctica que hace que su aplicación sea relativa, que hay muchas variantes que hace que en algunos sectores y empresas de cualquier tamaño el SMI sea irrelevante tanto por superarlo o por ir por debajo. No es con más o menos SMI con lo que se abordará decididamente el problema del alto desempleo crónico que padece la economía española, una cota anómala entre los países con los que tenemos que comparar, que no debería despacharse con el tópico de que aquí somos distintos. No lo somos. Hay países muy competitivos y con alto nivel de empleo con SMI muy por encima del español; y al contrario hay países sin  SMI que son menos competitivos.

Un dato que no conviene dar de lado es que a lo largo de 2017 el empleo ha crecido a buen ritmo, medio millón adicional de puestos de trabajo, y eso a pesar de que el SMI creció ese año un 8% por decreto desde principio de año. El acuerdo pactado con los agentes sociales esta semana propone una subida del 4% este año, hasta 736€ con 14 abonos al  año y subidas sucesivas hasta 850€/mes por 14 para el año 2020. Los socialistas, desde la oposición, han salido al quite inmediatamente con la promesa de que ellos lo llevarán a mil euros, que a algunos les parecerá poco y a otros demasiado. El debate tiene bastante de nominalista y estéril. No por mucha voluntad  de incrementar el SMI se van a elevar los niveles de empleo y salarios. Sería demasiado fácil y la realidad es un poco más complicada y resistente al decreto.

Lo importante en este caso, y en este momento, es que las tres partes clásicas del “pacto social”, sindicatos, patronales y gobierno hayan llegado a un acuerdo, el primero desde hace demasiado tiempo. Un acuerdo que debería abrir la puerta a nuevos pactos para indicar cauces a la negociación colectiva, para alentar la firma de nuevos convenios, y para vitalizar la negociación y el consenso que suele dar buenas señales a los inversores.

El mapa de SMI en la Unión Europea dice que la posición española es demasiado baja, anormalmente baja. Algunos dirán que a la vista del nivel de empleo (bajo) y de un paro crónico de dos dígitos no convienen complicar la contratación. Pero también hay argumentos sólidos en favor de los denominados “salarios de eficiencia” que pueden ser más  competitivos y aconsejables que los salarios mínimos que algunos llaman de equilibrio, concepto de difícil apreciación más allá del pizarrón y las curvas de oferta y demanda. La experiencia nos dice que a la sociedad española le va bien que haya acuerdos y, en estos momentos, más que nunca. De manera que la foto del martes merece lectura positiva, esperanzadora.