El debate de los 7 candidatos interesó fuera de Cataluña

La Sexta programó el único debate en castellano con difusión nacional con unas expectativas moderadas de seguimiento; dicen que se conformaban con la media de la cadena, en torno al 7,5%. Pero para sorpresa de todos alcanzó una audiencia media a nivel nacional del 13,3% (2,4 millones de espectadores), la mayor audiencia televisiva del domingo. En Cataluña superó el 20% y en Madrid el 16%.

Los datos de audiencia de televisión son significativos más allá de la competencia del medio porque marcan tendencias y preferencias del público. El hecho de que los líderes políticos de los partidos centrales aburran y espanten audiencias mientras que los nuevos atraen interés fue el anticipo de lo que pasó en las elecciones de 2014, 2015 y 2016. No es garantía de éxito electoral una alta exposición en televisión, aunque ayuda; pero lo que está acreditado que cuando alguien sube la audiencia es muy probable que tenga buen resultado en votos.

Una audiencia del 20% en Cataluña se puede interpretar en negativo: el otro 80% no lo vio. Pero también tiene la lectura de que hay mucho interés, que lo que el espectador escuchó puede influir en el voto y que el resultado está muy abierto. Hay un precedente inmediato con el debate que emitió TVE (en catalán en la 1 para Cataluña y con versión en castellano en el Canal 24horas) la semana pasada. La audiencia fue irrelevante, y el debate también. La Sexta puso alma, profesionalidad, apostó y logró un debate intenso, vivo, frente al encorsetado de TVE. Cuando hay apuesta y riesgo se puede fracasar pero también obtener buen resultado. Con el caso catalán TVE ha hecho una abdicación de responsabilidad, ratifica la pérdida de liderazgo informativo.

Ana Pastor resistió sus propios impulsos intervencionistas y consiguió encauzar el debate otorgando el protagonismo a los debatientes con unas preguntas iniciales muy pertinentes y una leve intervención posterior con autoridad para evitar el guirigay pero dejando que cada cual se mostrara como es. La periodista acreditó que un buen periodista es imprescindible para un buen debate. Otra cuestión es el contenido, los argumentos. Los candidatos iban con la lección aprendida para no salir de su zona de confort, acreditaron poca preparación, poco estudio, manejaban datos a su conveniencia, especialmente el representante robótico de ERC que acreditó que vive en un mundo irreal o el de las CUP con una confusión mental y una demagogia de asamblea de facultad.

Los candidatos están afónicos y agotados, no habían dado la importancia que merece una audiencia de medio millón de potenciales votantes, más que los que van a reunir en todos los mítines de las dos semanas de campaña. Arrimadas estuvo a punto de quedarse sin voz e Iceta hablaba con dificultad. Todos cargaron contra Arrimadas que es vista como el adversario mejor posicionado, posible ganadora, y captadora de votos de varios partidos, al menos de PP, de PSOE, de la vieja Convergencia e incluso del mundo de los ahora llamados comunes, donde confluyen varias familias. Al mismo tiempo se notaba al agotamiento de los “indepes” confrontados entre ellos mismos y atacados duramente por sus posibles compañeros de viaje por la izquierda, tanto las CUP como los Comunes.

Anoche el debate fue en TV3, último cartucho para todos donde los “indepes” esperaban recuperar posición. El pescado está vendido,  a 48 horas de la jornada de votación queda poco por hacer, solo esperar los resultados y, sobre todo, la gestión del complicado esquema de pactos que abrirá el nuevo mapa político catalán. El debate mereció la pena y supuso un punto a favor del periodismo.