Ni encuestas ni anticipos, esperen al recuento

A última hora de la tarde concluye el plazo legal para publicar encuestas sobre las elecciones del día 21. Eso no significa que dejen de hacerse, los partidos con dinero seguirán testando a grupos significativos de electores estos días para detectar tendencias, preferencias, sentimientos y sensibilidades dominantes en las horas previas al examen final. Un porcentaje nada despreciable de electores no han decidido qué votarán, lo harán en última hora no votando o eligiendo una papeleta en el último minuto. No serán muchos votos, no más del 20%, pero si los suficientes para decantar las últimas actas en el sistema de proporcionalidad corregido con el método d¨Hont que constituye el modelo español desde hace ya cuarenta años.

No son pocos los que critican el sistema electoral español por poco representativo, pero lo cierto es que es uno de los más representativos de todos los que se utilizan en los países con tradición democrática. Desde luego que mucho más que los mayoritarios de británicos y franceses; o los proporcionales con primas de griegos e italianos. Puestos a mejorar el modelo se puede copiar el sistema alemán, más complejo para el elector con el voto directo y el preferente o con una lista por distritos y otra nacional de partidos para recoger restos. Mejoraría la representación pero no faltarían críticas porque ningún sistema es perfecto, en todos ellos hay alguna ventaja para alguna lista, fundamentalmente para las más votadas, lo cual tiene su lógica. El modelo español es razonable, se puede explicar y entender, y ha funcionado con efectividad a lo largo de 40 años y en más de cuarenta jornadas electorales nacionales, autonómicas, locales o europeas. De manera que convendría alguna reforma pero con prudencia, sin producir más mal que bien.

En estos momentos los ojos se ponen en las encuestas, lo que preocupa es anticipar el resultado e ir configurando el mapa y los argumentos para el día después. Abandonen toda esperanza, las encuestas no les van a iluminar con garantías, solo son la foto fija del momento, que no es la del próximo jueves. Si llueve, si hace demasiado frío, si ocurre algo inesperado antes del jueves, si alguien mete la pata… los indecisos puede modificar el resultado. Más aun, el jueves, cuando empiece el recuento hagan caso omiso de todos los anticipos, de todos los comentarios de los expertos convocados por las televisiones, váyanse al cine y apaguen los móviles, esperen hasta que el recuento esté bastante avanzado, más de la mitad, y empiecen a procesar la información desde ese minuto. Todo lo anterior es inútil, basurilla para el chau-chau de las televisiones hiperventiladas con la actualidad que creen que dan satisfacción a las audiencias contando milongas verosímiles.

Y a partir del viernes, con los resultados (casi definitivos) empezará otra temporada política en Cataluña que debe interesar, sobre todo a los catalanes que son los que se juegan más en el envite, y no tanto a los demás españoles que tendrán que sacudirse el foco catalán, retrasarle en las preferencias para ocuparse de lo manejable, de lo que necesita España para consolidar la recuperación y trabajar a fondo en los sectores problemáticos, en los problemas de exclusión y malestar social, en ganar productividad, en distribuir eficazmente, en mejorar los servicios públicos, especialmente la educación, la sanidad y la dependencia… en resumen salir de la ofuscación y la patología para ocuparse de las cosas urgentes, las que preocupan a los ciudadanos.

Esta crisis acredita que el resto de España va mejor, que el problema catalán es, sobre todo, de los catalanes, más fragmentados y enfrentados que nunca y que quienes primero tienen que dar pasos para salir de su laberinto son ellos mismos.