Pestañeó Londres... o solo pasó la mano

Todas las crónicas dicen que Londres perdió y Bruselas ganó en la primera ronda de la negociación del divorcio. Me parece prematura cualquier conclusión sobre el resultado de una negociación que solo está empezando. Del primer round se puede concluir que habrá un segundo, que nadie se ha retirado. Todos han salvado la cara ante sus parroquias y el jueves el Consejo Europeo, los jefes de gobierno de los 27, aprobarán un primer preacuerdo de divorcio que significa que todo sigue, casi, como hasta ahora. Con una diferencia, Londres ya no va a contar en Bruselas, las decisiones en la Unión Europea son cosa de 27, sin británicos en las instituciones.

El acuerdo de la madrugada del viernes que May y Juncker firmaron con el desayuno, una vez que los negociadores acordaron el correspondiente documento, se ajusta al estilo diplomático comunitario, nocturnidad y hasta el último minuto. Podían haber recurrido a parar el reloj para ver si alguno pestañeaba y cedía por agotamiento. En este caso todos sabían que negociaban sin pestañas y que  no habría pestañeo o flaqueza. Así que esperaron hasta el último minuto para concluir con un documento que podía haber estado escrito hace meses.

Es evidente que el negociador Barnier apenas ha modificado la posición inicial y que los “brexit” han abatido sus líneas rojas para asumir la realidad, pero la voluntad de divorcio sigue firme con un plazo decidido. Lo complicado llega ahora, fijar las reglas del juego de las relaciones entre la isla y el continente en la próxima década. ¿Un modelo como el noruego o el suizo? Sería humillante para los británicos. ¿Un modelo como el canadiense o el japonés tras el acuerdo ultimado esta semana? Podría ser decepcionante para esos ingleses que sueñan con una soberanía periclitada.

Año y medio después del referéndum del Brexit lo que parece cada día más evidente es que se trata de un mal negocio para todos, que el acuerdo del viernes trata de disimular a base de evitar sus consecuencias. El gobierno británico no es hoy más soberano y más dueño de su soberanía que hace dos años, la legislación comunitaria sigue siendo tan efectiva como entonces, la frontera irlandesa no se mueve y esa variante semántica de “alineación reglamentaria” en vez de “convergencia regulatoria” (aten la mosca por el rabo) no significa otra cosa que retórica vacía, es lo mismo dicho de otra manera.

Lo que la negociación entre David y Barnier, entre May y Juncker-Tusk, ha mostrado es que la diplomacia británica ha perdido magia y efectividad, sus viejas habilidades imperiales no han lucido en esta ronda, el punto final es el inicial, no han conseguido nada, aunque tampoco han perdido. Y otro mito que se desvanece es el de una Unión Europea en modo “torre de Babel”, confusión de lenguas. Los británicos quisieron hurgar en las divisiones entre los 27, norte frente a sur, este frente a oeste, pero no consiguieron la menor fisura, el adversario permanente ha sido el Reino Unido al que han aplicado el principio de que “al enemigo ni agua”. Quizá les tenían ganas a los británicos que están penados por arrogancia.

Otra cuestión es si los votantes británicos van a pasar factura a los dirigentes que les contaron unas mentiras mayúsculas sobre las ventajas del divorcio, en realidad no hay ninguna ventaja. Lo trágico es que del envite no sale mejorado ninguno de los jugadores. Los británicos van directos a la irrelevancia, que empiezan a percibir, incluso con el amigo tradicional del otro lado del Atlántico, cada día más ensimismado en sí mismo. Y los europeos, sin británicos incordiando, tienen que decidir que quieren ser en el inmediato futuro, ¿más Europa?, ¿mejor Europa? o es suficiente lo que hay. Macron tiene una propuesta presentada para ir más lejos y Merkel está en espera de la alianza de gobierno que permita configurar su propio plan. El año 2018 puede, debe ser, crítico para el proyecto europeo. El acuerdo de la madrugada del viernes devuelve la ficha a la casilla inicial, a negociar un divorcio que pudiera no ser si por el camino los británicos deciden dar marcha atrás.

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