El Supremo no es la Audiencia Nacional

Tribunal supremo

(aunque se parecen bastante)

Un comentario del juez Llarena ante los investigados independentistas cuando comparecieron hace un mes (por cierto por su pie y no conducidos esposados por la Guardia Civil como imaginó el relato secesionista) en el sentido0 de que debían estar tranquilos, que el Supremo no era la Audiencia Nacional, animó no pocos comentarios, en un sentido y en el contrario, sobre los dobles raseros de la justicia en función de la instancia, la persop0na y la materia. Para unos la juez Lamela de la Audiencia era ejemplo de rigor mientras que el juez Llarena del Supremo era la prueba del pasteleo y la politización. Aunque otros protagonistas sostenían los mismos alternando los sujetos, la audiencia politizada frente al garantismo del Supremo.

En realidad un mínimo ejercicio de análisis (leer los autos) y de reflexión lleva a concluir que el fondo de los dos autos era el mismo aunque con distintas consecuencias en cuanto a medidas preventivas provocadas, en buena medida por la actitud de los investigados ante la instrucción y, también, por la estrategia de los abogados que cambió el orden argumental de una comparecencia a otra. Quizá los impresionó más el Supremo que la Audiencia o representaron un esquema para buscar contradicciones de las que sacar partido.

Lo medular estaba en los autos y tanto el de la instructora de la Audiencia (incluida la respuesta de la sala a los recursos) como el del Supremo revelan razonamientos y fundamentos jurídicos equivalentes. Unificada la causa en el Supremo por razones de coherencia y eficacia  compartidas por ambos instructores el auto de ayer ratifica los argumentos de Lamela incidiendo en la “reiteración del delito” como explicación suficiente para la medida preventiva de prisión, además del manifiesto liderazgo de los investigados en los hechos investigados.

Que Junqueras, Forn y los Jordis sigan bajo arresto preventivo puede parecer bien o mal, inconveniente o razonable (va por barrios) pero no tiene nada de excepcional ya que lo excepcional fue el avatar de los investigados. Para algunos que los principales candidatos de una campaña electoral estén en prisión preventiva es anómalo, pero la anomalía no está en la campaña sino en las actuaciones precedentes de los actores del drama, que estaban más que avisados de las consecuencias. De manera que no conviene confundir las causas con las consecuencias. La causa está en la secesión unilateral y la consecuencia es la prisión provisional preventiva. Aunque al servicio del relato se construyen argumentarios que puede suscribir incluso Iceta para quien la política está por encima de todo, forma parte de su ser.

El Supremo no es la Audiencia... pero se parecen mucho. De este envite pretender que la democracia española sale malparada, debilitada, dañada, es mucho pretender. Me parece más bien lo contrario, la justicia se ha colocado al margen de la política, de la campaña electoral y de los intereses partidistas. Los jueces van a calificar si fue una rebelión, una sedición o lo que tengan a bien determinar conocidos y acreditados los hechos, calificados y pasados por el cedazo de la ley. Otra cuestión es la velocidad que quiera imprimir el juez Llarena a la causa y por la suerte de sentencia con los consiguientes recursos que pasarán por todas las instancias españolas y europeas para colocar en el sitio que corresponda a los secesionistas unilaterales que, por ahora, acreditan excelente marketing y pésima ejecución.

Como prueba de esa pésima ejecución sirven las palabras de la nueva líder de ERC, Marta Rovira (que acabó Derecho) que anuncia que cuando gobierne lo primero que hará será acabar con el 155 y luego sacar de prisión a sus compañeros. Es como decir que además lloverá y se acabará la violencia. ¡Vaya tropa…!

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