Puigdemont ¿sagaz o mastuerzo?

El caso Carlos Puigdemont es de estudio, ¿qué dirá la historia del personaje?: ¿Será el profeta del sueño independentista o una anomalía extravagante de ese sueño? ¿Se trata de una persona lista y sagaz o ante un necio, un mastuerzo que ignora una realidad que debía entender? No anticipo la respuesta porque depende de la evolución de los acontecimientos. Una primera respuesta la tendremos la noche del jueves 21 cuando las urnas apunten lo que piensan de Puigdemont.

Antón Costas, que es un observador aventajado de lo que ocurre en Cataluña decía ayer en una entrevista un tanto forzada en El Confidencial, decía sobre Puigdemont: “ha perdido el oremus… he tenido buen trato con él, un trato personal, y el juicio que hago ahora es político: ha perdido el sentido de la orientación del terreno donde se mueve…creo que tiene algunas fobias, y una de ellas es a la burguesía catalana. Desprecia a las élites, que es un elemento común con el populismo”. Costas sabe de populismos, los ha estudiado y está al día del ese fenómeno que hoy reviven actualizados, de manera que si Antón Costas coloca a Puigdemont en la estela del populismo por algo será.

De momento Puigdemont es un gran protagonista de todos los telediarios y de algunos otros espacios televisivos,  lo cual suele ser antesala de éxitos electorales o de la lista de juguetes rotos por la notoriedad. Su desempeño como presidente, un cargo al que llegó por descarte, para llenar un hueco y superar una crisis coyuntural, fue irrelevante salvo en la dedicación al “procés independentista…” en el que creía desde niño pero al que no había participado en su diseño hasta la alocada recta final. En el momento crítico, cuando tocaba consolidar los avances y evitar el 155, le flaquearon las piernas y no asumió el liderazgo.

Su actuación posterior le coloca ante el dilema que encabeza esta columna: ¿Un sagaz o un mastuerzo?  Su periplo por Flandes es un éxito de relaciones públicas, cada día una entrevista donde no dice nada sustancioso que se vaya a recordar, pero gana los primeros minutos de todos los telediarios. Ha desbordado a su partido y le ha colocado a su servicio con una lista electoral a su medida que deja al partido convertido en aparato pagador y en posición secundaria. La estrategia y la táctica la marca Puigdemont desde Bruselas y los viejos socios de Gobierno, Junqueras y ERC, se ven desbordados por una persona que parecía mero figurante. Las pretensiones de ERC de consolidarse como partido central y de gobierno de Cataluña se ven amenazadas por un socio osado que se ha colocado al frente del movimiento y por encima de los partidos.

Puigdemont tiene razón cuando dice que el día 21 se resuelve el desenlace del “procés”, si los catalanes otorgan un número de votos a la lista Puigdemont  que ratifique un liderazgo que nunca acreditó hasta ahora  el personaje ganará posiciones para ganar la condición de sagaz, pero si los votos no llegan su destino le acercaré a la condición de necio, con alto riesgo de acabar pero que mal. Que Cataluña se haya puesto en manos de personajes como Puigdemont debe querer  decir algo que requiere reflexión por parte de sus paisanos.

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