Totalitarios o gilipollas, un dilema a resolver

Govern

José Martí Gómez es uno de los periodistas con trayectoria y credibilidad tras más de cincuenta años de oficio en Barcelona; respetado, leído y escuchado. También querido. Concluyó uno de sus últimos comentarios en la SER con un contundente “totalitarios o gilipollas”. Se refería a la exclusión en la foto del presunto gobierno catalán en el exilio del consejero Santi Vila por procedimientos típicos del estalinismo. El diccionario para la voz gilipollas dice: “persona tonta o idiota”. No le falta tino a Martí Gómez cuando apunta que quien borró al consejero disidente es persona de poco fuste. El problema es que la acumulación de tontainas en el “procés”, entre los independentistas, es  bastante preocupante.

Por ejemplo, que el exilado Puigdemont proponga un referéndum para que Cataluña se vaya de la Unión Europea, esas gentes que no entienden las aspiraciones del señor Puigdemont y sus devotos es como para que se lo haga mirar, entre otras razones porque hace pocas semanas era un campeón del europeísmo que aspiraba a que la Unión Europea mediara en la cuestión catalana para satisfacer su adiós a España. Un gilipollas.

No es para menos el caso del eurodiputado Tremosa que robó una foto con el anterior primer ministro belga, Elio di Rupo, para subirla a la red como prueba de su apoyo a la causa independentistas. El belga tardó un minuto es desmentir ese apoyo y, de paso,  desautorizar a Puigdemont. El gesto de Tremosa fue infantil, propio de un gilipollas; si tuviera un gramo de vergüenza tendría que pedir disculpas y renunciar a cualquier función representativa o docente por déficit de juicio y formalidad.

¡Qué decir de la señora Nuria Gispert!, que fue consejera de Justicia, de Gobernación, presidenta del Parlamento catalán, abogada en ejercicio, democristiana de militancia… que ignora los derechos de niños y mayores a la intimidad o al domicilio, que señala el colegio de la hija de un adversario o manda volver a su lugar de nacimiento a otra y se cree estar en estado de razón.

Otro sí para ese consejero de gobernación que pide abrazos solidarios  a sus colegas de Gobierno insurrecto cuando espera que llegue la Guardia Civil a detenerles, nunca llegaron. O de la señora Rovira, candidata a presidir el gobierno de la Generalitat, que se emociona y llora y no duda en dar por buenos comentarios bravos de café sobre las balas (no de goma) que van a asolar a los catalanes.

Martí Gómez atina cuando dice que son totalitarios o gilipollas, aunque quizá puede quitar la o. Que la suerte de los catalanes esté en manos de este tipo de gente tan simple, tan infantil, tan paleta debe tener una explicación; que dos millones de catalanes voten a esta gente debe tener una explicación porque la materia va más allá de la conllevanza. “Vaya tropa”, dijo Romanones sobre los académicos que le negaron el voto que le habían prometido, ¿qué diría sobre estas gentes?

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