Científicos al borde del despido ante la indiferencia del Gobierno

Un tópico infundado que forma parte del relato pesimista nacional es que España no es país para la investigación, que no hay recursos, ni instituciones, ni investigadores, ni resultados, ni patentes. No es cierto, hay suficientes evidencias empíricas para sostener que en España hay investigación, básica y aplicada, en el sector público y en el privado y en colaboración de ambos. Y que a poco que se despliegue la investigación nacional puede alcanzar la categoría de excelencia.

Como botón de muestra sirven los casos del CNIO (investigaciones Oncológicas) o el CNIC (cardiovasculares) en Madrid o el Instituto de Bioingeniería de Barcelona y centros sitos en otras ciudades y universidades. Todos ellos centros de referencia internacional, entre los más relevantes del mundo, que en algunos casos han logrado esa posición tras una década de buen trabajo.

Una norma administrativa-laboral impide renovar contratos temporales a investigadores de esos centros que tampoco pueden con convertirse en indefinidos. Aquello de que ni contigo ni sin mi tienen mis  males remedios. El problema es que el problema está detectado desde hace meses, lo advirtieron los propios afectados y los directores de los centros que han escrito al Presidente del Gobierno, a la Vicepresidenta, a los Ministros competentes… pero parece que todos ellos tienen otras prioridades que no me atrevo a señalar.

El caso desvela dos deficiencias: la primera el bajo interés por la investigación y la ciencia que demuestran las autoridades políticas, su nulo seguimiento de los proyectos, incluso aunque sean de éxito. Algo que se puede rectificar a poco interés, sensibilidad e inteligencia que pongan por iniciativa propia o por sugerencia de tanto asesor como tienen alrededor. La segunda las deficiencias del modelo complejo modelo de contratación, especialmente en el sector público, nada flexible y, a la postre, ineficaz por el talento que desperdicia.

Hasta fin de año hay tiempo y oportunidad para remediar el desastre que supondría que un puñado de investigadores de primera fila se tomen las de Villadiego y se vayan a otros centros de Europa y América que estarían encantados de captar la inteligencia que en España no cabe por una estúpida burocracia. La Secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, que es persona de fundamento tiene una oportunidad para resolver el problema y no destruir parte de lo que ha contribuido a levantar durante su mandato.