17 listas para que salgan 7 Grupos

eleeciones

En lo que llevamos de siglo (17 años) los catalanes han votado en cinco ocasiones (2003, 2006, 2010, 2012, 2015) para elegir su propio parlamento. La de diciembre será la 12ª legislatura desde 1980 y sexta del siglo XXI. Además durante este siglo han votado en seis ocasiones para elegir diputados al Parlamento español; cinco elecciones locales (Ayuntamientos) y tres para enviar parlamentarios a Europa. En conjunto son 20 procesos electorales a lo largo de 17 años, incluida la cita del 21 de diciembre. De esos 17 años solo cuatro han sido de barbecho electoral (2001, 2002, 2005 y 2013) Más de un proceso electoral por año a elección. Esos 17 años del siglo XXI los españoles disfrutaron/padecieron tres presidentes de gobierno (Aznar, Zapatero y Rajoy) y los catalanes cinco (Pujol, Maragall, Montilla, Mas y Puigdemont).

Son datos que apuntan a una estabilidad/normalidad en el gobierno y no tanto en el catalán, especialmente durante la última década, la del arreón separatista que corre en paralela a revisión del Estatuto, el nacido de la Constitución de 1978 que 25 años después socialistas (Maragall)  y convergentes (Mas), bajo la pretenciosa mirada de Zapatero que imaginó que bajo su batuta se resolvería el contenciosos catalán, se echaron a la cabeza para tratar de obtener ventaja. El resultado final tras estos 17 años se puede calificar de catástrofe, la propiciada por el llamado “procés” que instaló el eje separatistas-constitucionalista como orillas separadas e inconciliables para los catalanes. El eje derecha izquierda pasó a segundo plano.

A lo largo de esta década de “procés” las dos  fuerzas dominantes en Cataluña (Convergencia y PSC) han retrocedido perdiendo más de la mitad de sus electores y la tercera fuerza tradicional, los comunistas del PSUC se han ido a la papelera de la historia. Los votos se desplazaron a una fuerza tradicional, ERC (independentista de izquierda) y otra nueva (Ciudadanos), mientras que los restos menos revolucionarios del PSUC han nutrido en conglomerado de los Comunes-Podemos. Y los sectores más revolucionarios que van del anarquismo clásico y a los nuevos anticapitalistas se han asentado en las CUP.

En resumen, un cambio profundo del mapa de representación parlamentaria que el día 21 va a pasar una prueba decisiva para medir el nuevo clima emocional-electoral de la sociedad catalana que, aparentemente es la que se posiciona más a la  izquierdista de España también la más nacionalista-identitaria. Lo cual tiene su miga y revela la singularidad catalana, que tampoco es novedosa sino casi constante a lo largo de los últimos 150 años.

Hasta 17 listas diferenciadas se ofrecen ahora a los catalanes aunque solo siete tienen posibilidades de alcanzar representación. Esas 7 sumarán más del 98% de los votos, lo cual deja en la irrelevancia los votos perdidos en partidos testimoniales. La representación final tiene un claro sesgo en favor del voto rural, interior o fuera de Barcelona. El sistema electoral castiga el voto urbano para primar el voto identitario,  el catalanismo más militante. Pero ésas son las reglas del juego que nadie se ha molestado en cambiar a los largo de más de un tercio de siglo de democracia.

Las primeras encuestas con fundamento apuntan cambios del mapa, aunque parecen insuficientes para concluir  retrocesos o avances decisivos en las preferencias electorales. Con los votos pesados habrá que esperar unos días para dejar que la fuerza de la aritmética de los votos imponga el nuevo discurso político en Cataluña. En lo que llevamos de siglo los catalanes han decidido muchas veces pero no han resuelto sus viejos problemas. Faltan 30 días para que aprovechen una oportunidad histórica.

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