Dos autos para un juicio histórico

Lamela

La intentona independententista de 1934 encabezada por Companys se saldó con prisión inmediata y posterior condenada a treinta años de prisión, aliviada un año después por una amnistía decretada por un gobierno del frente Popular. Ochenta años después casi todo es distinto pero la intentona de septiembre-octubre fue más radical que la de Companys, aunque no ha cursado con violencia física  ni muertes. La instancia judicial ante la que van a sustanciarse las responsabilidades penales es más garantista y profesional, además de contar con una instancia superior europea y una opinión pública nacional y mundial más vigilante y menos polarizada. La condena puede ser semejante ya que la naturaleza del delito (entre alta  traición, rebelión, insurrección, sedición, desobediencia, resistencia a la autoridad judicial...)  es muy parecida. Más compleja es la hipótesis del indulto o la amnistía que hoy tiene muy mala imagen.

De momento ya disponemos de dos autos judiciales de fuste: el de la jueza Lamela que ha ordenado prisión incondicional preventiva a medio gobierno catalán ya  destituido, y el del juez Llarena que ha ordenado libertad provisional con fianza a los miembros investigados de la Mesa del Parlament. ¿Una diferencia abismal? Aparentemente lo es aunque se queda en casi nada en cuanto se leen los autos que exponen razonamientos muy coincidentes.

Es obvio que la prisión o la libertad provisional son situaciones radicalmente distintas para los investigados, pero lo importante de los autos es el razonamiento jurídico que significa el principio del comienzo de la acusación y de la sentencia. Y los razonamientos de Lamela y Llarena no son amables ni tranquilizadores para los investigados que pronto pueden convertirse en procesados acusados.

La Fiscalía califica de rebelión los hechos en los que han intervenido como dirigentes los investigados, una figura penal que merece pena de hasta 30 años que deja a los afectados en la cuneta vital. Un alto precio por una pasión desenfrenada que les llevó a pasar de la ideología y la opinión al delito de vulnerar la ley.

No es para tanto, dicen algunos; no somos narcotraficantes, asesinos, terroristas, argumenta Puigdemont desde la fuga; somos gente normal, buena gente, insiste Junqueras… pero serán los jueces, con no pocas garantías los que determinen la naturaleza de los delitos cometidos.

En el corto espacio de una semana los investigados por la Audiencia Nacional, enviados a prisión, aprecian que no calcularon bien su comparecencia ante la jueza y han empezado a revisar la estrategia, a cambiar a sus letrados y a plantear nuevos argumentos. Aprecian ahora que la hoja de ruta a la independencia contenía errores de juicio, imprevisiones graves. Lo dice una de las consejeras fugadas a Bruselas, aunque también importancia al error.

En la aventura independentista hay mucha emoción y poca razón; mucho marketing pero un producto muy averiado. Se dejan llevar por esos impulsos mal gestionados porque confunden los deseos con la realidad.

PD: el candidato de Podemos-Comunes, el diputado Domenech, dice que hay tres alternativas: votarle a él que es el desbloqueo, votar a los de Aznar (PP, Ciudadanos y PSC) o hacerlo a los de Juntos por el Sí que es como ir a ninguna parte. ¿No es como para mandarle al rincón de pensar?

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