Seamos ingenuos, la Justica es independiente

Pablo Llanera

El magistrado del Supremo Pablo Llarena (Burgos, 1963), instructor de la causa más importante del año y de su carrera (los insurgentes catalanes que encabezaron y proclamaron, o no, una República al margen de la Constitución vigente, tiene en sus manos y en su responsabilidad una decisión que tiene en vilo a los políticos y a la Justicia. Todos los políticos, los del Gobierno, los de la oposición incluidos los independentistas prefieren que el juez se allane a la neutralidad electoral, se allane a la costumbre de que la Justicia descanse durante los procesos electorales en los casos que puedan tener alguna incidencia política.

¿Cómo debemos llamar a esa pretensión? Politización de la Justicia o neutralidad; respeto a un fuero tácito o equidistancia para molestar lo menos posible. El juez siempre se enfrenta a dilemas críticos: determinar el peso de la Justicia; y puede hacerlo teniendo en cuenta el estado de la opinión pública, las consecuencias, incluso su propia convivencia con su vecindad.

Pablo Llarena es un juez profesional que no ha hecho otra cosa en su vida, desde que obtuvo el primer puesto de su promoción de juez el año1989, que actuar como juez, en toda la escala de los tribunales hasta su llegada a la sala 2ª del Supremo, la Penal. El único añadido en esa trayectoria es que fue portavoz y Presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura. Dicen que es un juez garantista, sereno y ponderado.

Esta mañana tomará declaración a los acusados de la Mesa del Parlamento de Cataluña y tendrá que decidir sobre su imputación y las medidas cautelares que le parezcan oportunas. Es su poder y su responsabilidad, un poder intensivo del que solo disfrutan (y padecen) los jueces instructores. Además el magistrado LLarena puede decidir si la causa contra los insurrectos catalanes se acumula en una sola instrucción (la suya) sustrayendo a otros jueces instrucciones en curso. Una decisión que implica apartar a la juez del 3 de la Audiencia Nacional que adoptó medidas cautelares de prisión provisional contra el destituido Gobierno catalán.

La intensidad de las medidas cautelares solo son una señal sobre la hipotética sentencia de condena o absolución que en su día dictará la sala del Supremo a la que corresponda la causa. Un juicio para el que queda bastante tiempo porque la instrucción será generosa en plazos, recursos, declaraciones... Una señal que en lo inmediato será una explosión. Si enmienda a la instructora de la Audiencia se interpretará que sucumbe a la presión política, y si actúa conforme al criterio de su colega no faltará quien sostenga que hace lo que el Gobierno represor le pide. De manera que haga lo que haga en la opinión pública habrá interpretaciones para todos los gustos.

Con razonable ingenuidad espero que el juez se ajuste a su criterio, a la Ley y al procedimiento. Los hechos son poco dudosos ya que los propios autores lo acreditan e insisten en seguir en lo mismo. El juez tiene un camino, el que adoptó esta semana el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña frente a la huelga general política de ayer, recurriendo a las excusas y los subterfugios procesales, que alguien podría llegar a calificar de prudencia astuta o de prevaricación (va en gustos). Pero también puede abstraerse de la presión ambiental y de las insospechables consecuencias. Lo que haga contará en el termómetro de la reputación de la Justicia.

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