¿Qué recorrido le queda a Puigdemont?

El personaje Puigdemont se ha colado en la historia española actual como un personaje entre excéntrico e imprevisto. Independentista de cuna en ese extremo gerundense donde el estado español dejó de habitar hace mucho tiempo, ha ido escalando en la política catalana por descartes; ni él ni nadie imaginaron que pudiera llegar al palacio de la Generalitat en la plaza de San Jaime; y mucho menos a profeta-héroe-villano de otra intentona (intento temerario fracasado) independentista, la cuarta de los últimos cien años.

Ahora, tras la pintoresca conferencia de prensa en Bruselas, Puigdemont tiene casi todas las papeletas de la rifa para convertirse en un juguete roto, tanto o más que Jordi Pujol o Artur Mas, cada uno de ellos por distintas causas. Puigdemont volverá a ocupar el espacio informativo esta semana cuando comparezca (o no) ante la jueza Lamela que le ha citado como inculpado para mañana o pasado.

Por lo mismo que el expresidente ha asumido la convocatoria de elecciones autonómicas dictada por su sucesor (el presidente Rajoy) es probable que Puigdemont atienda la acción de la justicia española, aunque abomine de ella. También es posible que se haga el remolón y que sus abogados traten de fijar algunas condiciones para esa comparecencia. Me parece poco probable que la jueza se vea obligada a una orden internacional de detención que pudiera gustar a la imaginería y el relato independentista, para internacionalizar  el conflicto, pero que puede producir efectos contrarios a los buscados. Porque los relatos, incluso los más elaborados, pueden ser perversos y producir efectos contrarios a los esperados.

El recorrido de Puigdemont es limitado, el pasado jueves se enajenó la confianza de sus aliados por la izquierda (de ERC y las CUP) con los que se encontró cómodo estos dos últimos años pero ante los que flaqueó ese día. Y por más que son compañeros de partido tratan de comprenderle y justificar sus actuaciones se nota que le dan por amortizado salvo el juego que pueda dar su insumisión.

Junqueras suele decir que no le preocupa la inhabilitación porque si tiene que salir de escena otro compañero ocupará su lugar. La afirmación es todo lo creíble que cada cual considere oportuno, pero me parece bastante sincera. El caso de la vieja Convergencia que cambia de nombre para huir de la quiebra material es distinto, presenta hasta tres almas distintas por razones generacionales y temperamentales y en ninguna de ellas se ubica a Puigdemont.

Hay que tener en cuenta que el número de papeletas que van a tener disponibles los catalanes el 21 de diciembre será mayor y distinto que las de hace dos años lo cual supone que las encuestas conocidas estos días sirven de bastante poco. Si Artur Mas, inhabilitado para ser candidato, cuenta poco para el futuro, Puigdemont sirve ahora como material para la propaganda. Goza de todos los derechos para ser candidato y electro mientras no tenga una condena firme pero su liderazgo está muy averiado.

Tanto si viene a la cita con la jueza de la Audiencia Nacional como si rehúsa Puigdemont seguirá en primer plano de la actualidad pro más como objeto del juego electoral que como sujeto activo de la política.

Tanto en Gerona como en Lérida los votos independentistas han sido dominante (más del 60%) hasta ahora; en Tarragona y Barcelona no llegan al 50% porque la sociedad catalana es más compleja y plural de lo que el relato independentista pretende.

Para los próximos días otro de los aspectos informativos más interesantes serán las declaraciones de los citados ante los jueces instructores del Supremo y de la Audiencia Nacional que pueden deslizarse ante la épica y el orgullo por sus actos o a la exculpación y el disimulo. Todo ello será material electoral con consecuencias incalculables.