¿Quién se da mus negro ante 155? 

Tal y como están puestos los bolos en la crisis catalana a esta alturas de la semana (tarde del martes 24 de octubre) lo que vaya a ocurrir a finales de semana es un enigma. La mezcolanza de datos e hipótesis, de hechos y posibilidades produce, fundamentalmente, confusión. Como si de un juego de trileros se tratara los protagonistas se esconden la bolita para desconcertar al público hasta obligarle a elegir el cubilete equivocado. Descifrar o deconstruir los mensajes requiere de otra máquina enigma para este tipo de situaciones.

Todo exceso daña, dice un viejo proverbio de incierto origen y en este caso el exceso de presunta información, de declaraciones tentativas y de imágenes ambiguas significa exceso superlativo. Para llegar a conclusiones sostenibles y que duran hay que alejarse de lo inmediato y esperar. Lo único cierto es que a finales de semana el panorama se habrá despejado para situar el conflicto en una nueva dimensión con las elecciones autonómicas catalanas (se llamen como se llamen) como objetivo posterior.

Ni el Gobierno quiere poner en marcha el 155 por las incertidumbres que conlleva, ni los secesionistas quieren dar el paso jactancioso de la independencia unilateral porque saben que es un brindis al sol que solo conduce a una insoportable incertidumbre. Y al lado de cada protagonista principal (Rajoy y Puigdemont) se mueven secundarios que se juegan menos, y que enredan todo lo que pueden para conseguir asomar la cabeza en la obra y disimular para evitar daños mayores.

Lo curioso de este drama es que no parece que haya nadie con posibilidades de salir con ganancias de este proceso. Rajoy puede salir estrellado frente a los suyos y los otros, ante unos por débil y vacilante y ante los otros por provocador. El caso de Puigdemont es peor porque es un mero peón colocado en el centro por el azar y la necesidad de sus socios. ERC espera sacar rédito del desplome de la vieja Convergencia, y Junqueras aguarda que le entreguen el poder sin desgaste por obtenerlo. Lo de los socialistas resulta patético, la manta es demasiado pequeña y cuando se tapan por arriba se destapan por abajo y viceversa. Ciudadanos también sufre aquí y allá, aparentemente gana intención de voto nacional, pero no en grado suficiente como para alcanzar sus aspiraciones. El caso de Podemos no es menos patético que el de los socialistas, dicen que el 155 es el abismo y la independencia el error, aunque puestos a elegir optarán por la ambigüedad para no fracturarse, se pondrán al pairo en busca del mejor viento, aunque no parezca que haya viento favorable, todo es racheado e incierto.

Mediada la semana son varias las hipótesis verosímiles, a cual más disfuncional por no decir catastrófica. La independencia es un viaje a ningún sitio y la intervención con el 155 es aventura imprevisible y arriesgada. Lo único cierto es que los actores son de una infinita mediocridad lo cual descarta los desenlaces brillantes o razonables; la medianía alienta una mayor mediocridad. ¿Qué va ocurrir? Pues que nadie lo sabe porque nadie se atreve a sostener su propia posición.