Impuestos

El calendario fiscal fija que hoy (viernes 20) y el lunes 30 cumplen los plazos para  ingresar en la Agencia Tributaria las liquidaciones mensuales o trimestrales (depende del tipo de contribuyente) de retenciones del IRPF, IVA y otros impuestos de menor porte. Y el día 6 de noviembre acaba el segundo plazo del IRPF 2016. Los estrategas del independentismo pretenden que los sujetos tributarios (empresas, profesionales…) con domicilio fiscal en Cataluña ingresen esos impuestos en las cuentas de la Agencia Tributaria catalana. Incluso advierten a las empresas públicas de la Generalitat para que se preparan ese gesto de desobediencia, incluso algunos independentistas dicen que están decididos a hacerlo.

Un gesto que podríamos denominar de mayor cuantía ya que supone para el desobediente el riesgo de incurrir en una apropiación con delito fiscal incluido. Una de las razones para que las empresas migren su domicilio fiscal fuera de Cataluña es ahorrarse semejante responsabilidad tributaria y colocarse bajo la bandera de una autoridad fiscal reconocible.

Será interesante conocer, cuando sea posible, cuantos independentistas asumen ese riesgo, incluidas las empresas públicas dominadas por la Generalitat y ella misma que cuenta con decenas de miles de empleados. El control de los pagos que ejerce el Ministerio de Hacienda limita el riesgo pero hay empresas en el perímetro de la Generalitat que pueden estar ajenas a ese control.

Una de la tesis de los estrategas del secesionismo es que el Gobierno español y los españoles no podrán soportar el caos que provocará (o no)  la declaración de independencia. Imaginan que ese caos llevará a los españoles a negociar las condiciones de la secesión. Se trata de una tesis arriesgada ya que ese caos o quiebra supone, previamente, la de Cataluña que es mucho más probable que la española por múltiples razones que no creo que merezca la pena desgranar en estos momentos.

La tesis de esos estrategas se trata de sostener con otra jactancia: la capacidad de resistencia y de sufrimiento de los catalanes será mucho mayor que la de los demás españoles, opinión o creencia que se corresponde con ese mantra de que los catalanes son distintos (y mejores), que forma parte de la ensoñación independentista.

A medida que se avanza en el proceso los supuestos de sus promotores se debilitan y complican, ni legitimidad, sin apoyo internacional, sin reconocimiento más allá de alguna extravagancia irrelevante… la mercancía independentista presenta demasiadas averías. Peor aún, la idea subyacente de que llegando muy lejos en la reivindicación se conseguirá un botín mayor en materia competencial y de autonomía financiera puede sufrir una frustración ya que al subir la apuesta se puede poner en riesgo la recompensa; jugando a rojo o negro, errar en el color lleva a perderlo todo.

La debilidad o tolerancia de Rajoy  y del Gobierno puede interpretarse como debilidad (parece evidente) pero esa debilidad puede convertirse en intransigencia cuando se traspasan ciertos límites que, quizá, se han traspasado ya o se van a traspasarse en breve. Cuidado con los mansos, cuando se revuelven son inquietantes.