JP Morgan avisa sobre el bono español

Cuando empezó esta ronda independentista, hace ya cuatro, entre los estrategas del llamado “proceso” se dibujaba el escenario de una crisis del bono español que precipitaría la debilidad del gobierno, su descrédito, y mejoraría la oportunidad para la independencia. Detrás de ese dibujo está el desprecio por lo español (que hay que situar entre la ignorancia y la envidia) y ese peculiar sentimiento de superioridad que destilan algunos independentistas ilustrados. Recuerdo hace pocos meses a uno de ellos argumentando en una tribuna abierta madrileña que le resultaba insufrible, insuperable, la corrupción de Madrid. Uno de los asistentes le preguntó por cómo soportaba la corrupción convergente. La respuesta fue ininteligible.

El bono español no se derrumbó, todo lo contrario. Si lo hizo el bono catalán convertido en bono basura no negociado desde unos años. Peor aún aquello bonos patrióticos (muy bien remunerados) que emitió el gobierno Mas fueron reembolsados con el auxilio del gobierno de España convertido en principal, y casi único, acreedor de la Generalitat.

Pero no andaban del todo desencaminados aquello estrategas de la secesión cuando estimaban que la prima de riesgo española (y la catalana) no iba a quedar al margen de la aventura independentista. Ya he señalado que el bono catalán se ha ido a la basura de donde tardará en salir; por el contrario el bono española ha mejorado su rating, gracias a la estabilidad que proporciona el BCE y, también, al buen desempeño de la economía española durante estos años.

Pero la aventura secesionistas y sus secuelas no van a ser gratis para nadie. Romper el orden constitucional significa inestabilidad, resta potencial y produce decepción, agotamiento… El desgarro se nota en la sociedad, en las familias catalanas y en el resto de España que empieza a reaccionar con indignación ante los acontecimientos. El sopor del bienestar, la molicie que produce imaginar que alguien se ocupará de resolver los problemas, se convierten en ira cuando quiebra el modelo, cuando se apuntan riesgos inciertos.

JP Morgan advierte esta semana a sus clientes en uno de sus informes que eviten invertir en títulos españoles, antes los alemanes o portugueses. La incertidumbre secesionista es un dato, aunque se trate de un hecho improbable. Las movilizaciones callejeras, la resistencia de los insurrectos desalientan a los inversores, no puede ser de otra manera. Los fundamentales de la economía española se derrumbarían si los secesionistas tuvieran algún éxito, siquiera fuera parcial. Habría que volver a recalcular todos los datos y riesgos porque España es lo que es en su integridad, una parte de España sería menos y la parte segregada también. El aviso de JP Morgan es obvio, no será el único. El aventurerismo tiene un precio y el viaje que ha iniciado el gobierno catalán no será gratis para nadie. La irritación de los adversarios están bien fundada  y solo está empezando.