¿Cómo se arreglará esta crisis?  

Las dos preguntas tópicas de estos días que hace la gente a cualquier “presunto enterado” con el que se encuentra son: ¿Qué va a pasar el día 1? Y ¿Cómo se arregla esto? Y para las dos la respuesta tiende a ser demasiado abierta e imprecisa, porque no hay respuesta. La situación no está descontrolada pero tampoco parece controlable sin algún ejercicio de imposición de autoridad de uno sobre otro. Desde luego que el estado tiene reservas enormes de autoridad y recursos legales y de fuerza para poner un punto y aparte, pero no un punto final, lo cual advierte que cualquier alternativa será provisional.

Lo que hace unos pocos meses parecía imposible ahora resulta improbable, para algunos,  e incierto para otros. Si los británicos apoyaron el BREXIT, aunque fuera por poco, y los norteamericanos hicieron presidente a Trump, ¿van a ser los catalanes y los españoles menos imprevisibles?

El 1 de octubre tendremos, cuando menos, varios tumultos con incierto desarrollo en no pocos lugares. No parece que vayamos a asistir a un referéndum, ni siquiera a un simulacro como el de hace dos años, más probable parece la concentración de personas con papeles en la mano para intentar colocarnos en unas urnas. A los promotores de la aventura les vale con eso para a partir de esa imagen seguir con su relato y con más hechos consumados. Tampoco hay que descartar incidentes más graves que cambien el paso de los acontecimientos para precipitarles hacia cualquier desenlace, nada bueno en cualquier caso.

La sarta de mentiras que han desplegado los rebeldes es asombrosa, pero circula con los medios como si fuera buena mercancía. Dice Puigdemont que él ignora la Constitución para acatar la legislación internacional, las resoluciones de las Naciones Unidas y la declaración universal de derechos. El disparate es monumental pero se puede escuchar sin que tenga réplica inmediata. Y como esto bastante más, todo el entramado argumental está averiado. Pero como se trata de sentimientos y emociones la razón no cuenta. Además advierten que contra la voluntad de la calle no hay ley que resista, lo cual es otro disparate de libro, pero que puede entusiasmar a las televisiones ansiosas y seducidas por las emociones fuertes y las novedades.

¿Cómo se arregla? Pues con bastante trabajo, porque resolver los conflictos enconados suele llevar del doble de tiempo del que llevó su gestación. El eje de ese trabajo tiene que ver con el proyecto que los actuales dirigentes españoles tienen para España y los españoles. Y de eso se habla poco, el discurso oficial es pobretón, reiterativo  y nada ilusionante. No hay relato, no hay propuestas, no hay autoestima ni esperanza. Por eso los rebeldes han llegado tan  lejos, porque han ocupado los espacios que les han dejado libres y ahora son prisioneros de sus propios éxitos y están decididos incluso al “sacrificio” del fracaso porque serían héroes ante los suyos acreedores de agradecimiento, indulto, amnistía y futuro reconocimiento.

En realidad no sabemos qué pasará el domingo, aunque hay temores fundados de que poco bueno para todos; y sobre cómo se arregla las expectativas no son mejores porque nadie abre la puerta de las oportunidades.