¿Imaginaban que el Estado les iba a dejar? 

Sorprende la sorpresa de los sediciosos ante la respuesta del Estado a su desafío. ¿Imaginaban que sus objetivos se iban a alcanzar como quien cose?  Cabe imaginar que en su guión estuviera también la respuesta del Estado, la del Constitucional, la Fiscalía, los jueces en distintas instancias y la policía; y que la operación fuera eso: desafiar al Estado para que este mostrara su rostro menos amable. Y a partir de ello volver a repetir la matraca del estado oprimido, del sofoco de las libertades... Se puede discutir si el Estado ha acertado en el cómo de su respuesta, pero eso es muy relativo; desde fuera siempre se sabe torear de salón.

El acto del drama que se desarrolla estos días, desde que los independentistas apostaron por la sedición, no acaba hasta el primero de octubre, cuando las crónicas del momento informen de cómo trascurrió  el día y cuántos votos se contabilizaron. Cabe imaginar que en ese momento el dato será un referéndum (no legal) fallido, pero una viva pulsión por la independencia.

A lo largo de estos días los partidos políticos se van a retratar, se están retratando, ante sus electores y ante la ciudadanía y cabe imaginar que no serán pocos los votos que cambiarán de bando a la vista del desempeño de cada partido en esta crisis. Es en los momentos críticos cuando se manifiesta la talla de los políticos, y este es un momento crítico que retrata a todos y que lleva a cada ciudadano a revisar sus preferencias electorales.

Se nota en las declaraciones reiteradas de los representantes de cada partido que lo que les preocupa es el impacto electoral, lo que ocupa sus desvelos es más el interés del partido que el interés general. Forma parte del problema, uno de los males de nuestra democracia es el desmedido poder de los partidos que dominan el espacio político y buena parte del institucional. Pero esta es materia para otra crónica.

El siguiente acto del drama que está por escribir empezará el día 2 de octubre, quizá unos días antes ya que las líneas de puntos de la política, las conversaciones entre discretas y subterráneas, han empezado a moverse para empezar a dibujar el nuevo equilibrio que sirva para ir tirando en el futuro inmediato.  La vida no se para y aunque haya miles de personas, incluso decenas de miles, decididos a ocupar las calles y los telediarios, serán millones los que siguen yendo puntualmente al trabajo, a la escuela o a disfrutar del ocio cotidiano.

El segundo acto tendrá que desarrollarse también con urnas, en este caso legales. Urnas para recomponer el mapa político parlamentario en Cataluña y en España y para que los partidos definan sus objetivos para los próximos meses, que pasarán, muy probablemente, por una reforma constitucional de alcance más o menos amplio, en función de las nuevas mayorías.

Ni el gobierno catalán ni el gobierno Rajoy salen bien parados de este trance; no pocos personajes salen abrasados, en unos casos serán inhabilitados por los tribunales y en otros desahuciados ante la opinión pública. Para salir del embrollo, al margen de quién sea el responsable del desafuero, se requieren nuevas voluntades y actitudes. Quiénes sean esas gentes tendrán que pasar por el juicio del electorado. Rajoy puede salir reforzado (o no) ante su electorado y otro tanto los otros líderes que se van retratando cada día. El despliegue de mentiras (otro de los grandes problemas de la política en el mundo) ha sido colosal, denunciarlas, descreditarlas, poner las cosas en su sitio puede parecer una tarea ciclópea.