¿Quiénes se pueden sentar a hablar luego?  

Lo que vaya a ocurrir el primero de octubre en Cataluña no lo sabe nadie.  ¿Habrá urnas? ¿Cuántas? ¿Habrá votantes? ¿Cuántos? ¿Habrá recuento y balance del resultado al acabar el día? ¿Quién ejercerá de portavoz? Lo que sí sabemos es que el 2 de octubre amanecerá en torno a las 7:35 y anochecerá en torno a las ocho de la tarde-noche. Funcionarios y pensionistas recibirán en tiempo y forma su paga del mes sin que los primeros lleguen a percibir quién firma la transferencia. También parece bastante claro que el 20 de octubre miles de empresas ingresarán sus liquidaciones de IVA donde siempre, y diez días después ingresarán las retenciones practicadas a los salarios donde siempre. Probablemente algún entusiasta puede hacerlo en las oficinas tributarias de la Generalitat, pero no es probable que sean cantidades significativas y es seguro que quienes lo hagan se van a meter en problemas.

La pretendida declaración unilateral de independencia es muy improbable, y si se produjera como consecuencia de esa ley de la gravedad que empuja a los amotinados hasta el final de su obra, no tendría consecuencia alguna en el corto plazo.

En cualquier caso al día siguiente y en los sucesivos habrá que hablar sobre el desarrollo de los acontecimientos. Las iniciativas judiciales, por su naturaleza y liturgia (derecho procesal), tienen su propio ritmo y no se doblegan a la coyuntura de forma arbitraria. Van a su aire y desembocan en autos y sentencias que pueden incluir inhabilitaciones, multas, penas... que pueden tardar en llegar pero que son complicadas de retroceder.

Es obvio que la tabla reivindicativa de los independentistas engordará con la reclamación de que se retiren y anulen las sanciones, pero todo tiene su procedimiento, especialmente en los estados de derecho. Las inhabilitaciones complican la composición de las muy probables mesas formales e informales de negociación, que si no están dibujadas habrá que pintar de inmediato.

Para componer esas mesas se requerirá el concurso de personas capaces de recomponer el estado de la cuestión, el cómo se puede continuar tras la sedición no consumada. Hasta ahora los sediciosos parecen haber dominado la agenda y el ritmo de los acontecimientos, entre otras razones porque nadie imaginó que iban a llegar tan lejos. Pero se agotará el repertorio preparado y empezará el invierno, la zona no prevista con demasiados espacios en blanco.

Puestos a hacer pronósticos, que no son recomendables me parece que estamos en vísperas de elecciones en Cataluña y en España, que dibujen el mapa político y parlamentario que corresponde al momento actual, que está alejado del de 2015 y 2016 cuando se produjeron las últimas votamos. Otras cámaras pueden ser el prólogo para recomponer o sustituir lo que se está rompiendo. Quién se siente a negociar es importante para el resultado.