El caso de Ada Colau, equilibrio inestable

El caso de Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, es bastante curioso; protagoniza una de las carreras políticas más fulgurantes de la democracia y ha practicado un equilibrismo sorprendente, De activista social a alcaldesa sin estaciones intermedias, montó una coalición electoral en unas semanas para ganar las elecciones, aunque fuera en minoría, de un año después. No hay precedentes, compara con el caso Macron. De manera que algo tendrá el personaje para tan exitoso recorrido. Es obvio que tiene un pico de oro, que es una persona tan asertiva como concluyente y que tiene todo muy claro. En sus comparecencias se la nota segura de su verdad, hábil para separar en un lado a los suyos (buenos y justos) y al otro los demás, sospechosos.

Para ganar la alcaldía ha contado con los socialistas con los que ahora comparte el gobierno, con la tolerancia de ERC que votó su nombramiento sin mayor compromiso, y cuyo portavoz en el Ayuntamiento no la soporta aunque tampoco puede desalojarla. Además un voto prestado de las CUP (tienen 3 concejales) para alcanzar una mayoría pelada de 21. La credencial de Colau para gobernar es que obtuvo el mayor número de votos (25% y 11 ediles de 41), frente al 22% (10 concejales) logrado por su predecesor el convergente Xavier Trías.

La aritmética para alcanzar la alcaldía parecía imposible. Solo era viable el eje izquierda/derecha  habilitaba una extraña mayoría (cuatro socialistas, cinco ERC y el prestado de las CUP unido a los 11 de la alianza de Colau que incluida a Podemos, verdes e ICV). Mientras que el bloque soberanista que de forma tan contundente funciona en el Parlamento de Cataluña (ERC, Convergencia y CUP) solo sumaba 18. De manera que la posición de Colau como alcaldesa es un ejercicio de orfebrería política y posibilismo. Y tras dos años de gobierno con razonable estabilidad la alcaldesa parece gozar en las encuestas de mejor posición de la de partida.

La sedición independentista plantea a Colau ante riesgos imprevistos ya que tiene que optar por un camino que divide a su coalición aunque una consulta a las bases, secundada por menos de la mitad de los censados, otorga mayoría ajustada a los independentistas. Con esa baza la alcaldesa se ha colocado al lado de los sediciosos pero co0n un compromiso limitado ya que no está claro que se vaya a colocar ante el riesgo de una inhabilitación que trunque su carrera política que aspira a más que la alcaldía. Un prodigio.

Hasta ahora Ada Colau ha ganado todas las batallas políticas a las que ha tenido que enfrentarse. Encabeza su propio partido-movimiento sin competidor alguno, y sus aliados de coalición (Podemos, verdes, ICV) saben que sin ella están condenados a cierta irrelevancia. Y para completar el cuadro los socialistas, grandes derrotados en las elecciones: municipales (10% y cuatro concejales), carecen de estrategia y de posibilidades en Barcelona y apuestan su futuro a aparentar capacidad para gobernar.

El equilibrio inestable de Ada Colau es un caso singular. ¿Cómo saldrá del conflicto? ¿Debilitará su magia negociadora o emergerá como una de las pocas alternativas para reconducir el proceso y tejer otro equilibrio? Colau no parece un ejemplo de tolerancia y consenso, pero su trayectoria acredita que a su alrededor se tejen mayorías suficientes. Un dato a tener en cuenta es que tanto Sánchez como Iglesias cuidan muy mucho sus comentarios sobre Colau por la que muestran una mezcla de respeto e inquietud.