Las CUP como minoría decididas…

El caso de las CUP (Candidaturas de Unidad Popular) es el de minorías decididas que imponen su estrategia a otros grupos más relevantes por su firmeza e intransigencia. La historia de las CUP no es novísima ni nueva, no nacen en este siglo ni tras el 15M, vienen del siglo pasado (inscritas como partido o coalición electoral desde 1987) y acumulan experiencia con candidaturas municipales desde ese año y a parlamentos autonómicos (Cataluña, Baleares y Valencia) desde el 2012. Eran casi irrelevantes políticamente, aunque muy presentes en los barrios y en el activismo social, durante su primer cuarto de siglo de existencia, coquetearon con los restos del PSUC e ICV a finales del pasado siglo, para conformar un grupo heterogéneo, complejo, asambleario y antisistema que se propone la independencia de Cataluña, la salida de la Unión Europea, de la OTAN, la nacionalizaciones de los sectores productivos y la ruptura social para acabar con el capitalismo.

Imaginar que estas CUP que nunca han escondido sus intenciones iban a ser aliados del partido fundado por Jordi Pujol y sostenido por la burguesía catalana era absurdo hasta hace pocos años. Pero el pegamento independentista les hizo aliados más que tácticos, incluso subordinando a los (antes) convergentes a esa izquierda radical.

Las CUP son la vanguardia del gobierno catalán, los que marcan la iniciativa, incluso a ERC que aparece como fuerza política preferente o dominante en el Parlamento catalán. Tiraron a la papelera la candidatura de Artur Mas, consolidaron a Puigdemont en la Generalitat, marcan el calendario político y han conseguido una influencia que va mucho más allá del 8% de votos que obtuvieron en las últimas elecciones (2015). Las encuestas rebajan su base electoral a la mitad pero son encuestas que carecen de valor efectivo.

La historia enseña que las minorías decididas consiguen mucho más influencia (y poder) que mayorías indecisas o vacilantes. Minoría decidida fue la que llevó a Lenin al poder para liquidar el imperio de los Romanov con tres siglos de experiencia dictatorial; minoría decidida fue la de los nacionalsocialistas de Hitler que liquidaron la república de Weimar con la ayuda de partidos de derechas que acreditaron la figura de los tontos útiles. ¿Pueden jugar un papel semejante las CUP en la España y Cataluña del siglo XXI? No es probable, pero apuntan maneras. No ocultan sus intenciones, no se esconden con lenguajes ambiguos ni simulaciones, hablan claro y saben lo que quieren, incluso que es algo que está muy lejos de las aspiraciones de la mayoría de la ciudadanía. Aspiran al poder para transformar la sociedad, por más que asombre a algunos y parezca imposible; necesitan “tontos útiles” un género que abunda en tiempos de confusiones y ambigüedades como los actuales. No engañan y son decididos, tanto que solo adversarios decididos pueden apearles de la historia.