Trump imita Peter Sellers y Kubrick

“Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”, fue la parodia de humor negro con la Stanley Kubrick quiso ridiculizar la estrategia de “disuasión nuclear” que sustentó la “guerra fría” entre soviéticos y norteamericanos y más en concreto la crisis de los misiles en Cuba, que colocó al mundo cerca de una guerra nuclear. Novela negra, de terror o de ciencia ficción que no es probable que Donald Trump haya visto en película para anotar sus enseñanzas.

Desde aquel año 1964 han pasado demasiadas cosas en el mundo y en la política como para imaginar que un día el conflicto enfrentaría al ejército más poderoso del mundo (aunque derrotado en Vietnam y en Afganistán y en Irak…) y a uno de los paises más pobres del mundo: Corea del Norte.

En realidad la guerra de Corea (años cincuenta) no acabó nunca, no se firmó una paz y el conflicto sigue latente; tanto que es esencial para el régimen dictatorial y hereditario coreano. Trump no sabe historia, ni geopolítica y lo de Corea se le ha atragantado, tanto que es víctima de esa tesis de que la realidad imita el arte. En este caso el arte de Kubrick y Sellers en la película citada que concluye con la destrucción del mundo por las bombas descontroladas y programadas de ambos contendientes. Trump ha hecho del belicismo (furia y fuego) una estrategia de negociación con el dictador norcoreano que se siente en su salsa con la retórica de los misiles y las bombos nucleares.

No hay político, diplomático o estratega militar que sostenga que con los belicistas por principio y naturaleza la conversación adecuada sea el belicismo, pero Trump sostiene que nadie negocia mejor que él, que su vida es un ejemplo de negaciador exitoso. Y con esa creencia sostiene una extraña conversación con Corea a base de bravatas.

Garzón Ash sostenía en uno de sus últimos artículos que Trump es “matón, narcisista, misógino, indisciplinado y errático” y sospecho que no eligió la retahíla de calificativos al azar o sin previa ponderación. Pudo haber añadido mentiroso y pirotécnico. Todo ello es cierto y más, por lo qué vamos a viendo. La forma en que ordena, a los postres de una cena, un bombardeo en Siria con la mayor de las bombas del Arsenal y con eficacia nula desde cualquier punto de vista, lleva a pensar que de este tipo cabe esperar cualquier decisión disparatada.

El comentario inmediato es que el sistema político norteamericano es capaz de contener y encauzar incluso a un presidente y comandante en jefe enloquecido. Pero quedan algunas dudas sobre la contención y las consecuencias de un “negociador” que se cree el más listo del universo.

Kubrick no imaginó que su parodia pudiera imitarse en escenario real con un Presidente real como protagonista. En el cuento del director de cine los belicistas eran los generales con un presidente arrinconado y desinformación, en la realidad ocurre al revés, el presidente es el belicista desaforado y los generales los que le contienen y le recomiendan ponderación.

Lo lógico es pesar que se trata de retórica vacía, negociación de matones, pero no podemos olvidar que este tipo es el comandante en jefe con miles de cabezas nucleares bajo su mando y a su orden. Asusta aunque parezca inverosímil.