España vacía o saturada, dos medio mentiras

El pasado otoño alcanzó cierta notoriedad el libro titulado La España vacía (Sergio del Molino, editorial Turner) que planteaba el problema de la despoblación en buena parte de España, esa huida, como única alternativa, que ha ido vaciando la España interior que registra tasas decrecientes de densidad de población. Un proceso nada excepcional que viene produciéndose desde hace medio siglo, a medida que avanza la urbanización de la sociedad, que es un fenómeno universal. Las ciudades y las costas son más atractivas que el interior mesetario por múltiples razones fáciles de entender.

Repoblar la meseta es un buen eslogan que incluso llevó al gobierno hace un año a crear un Comisariado dependiente de la vicepresidenta para estudiar el problema y hacer propuesta. Por ahora nada se sabe del organismo y de sus propuestas y la tesis de la España vacía sigue vigente y ausente. La tesis del vaciamiento es interesante y esconde verdades y mentiras, mitos y fenómenos sociales bastante lógicos.

Pero hete aquí que surge ahora la tesis de la España saturada por culpa del turismo. No es contradictoria con la anterior de la España vacía pero ambas tesis sufren de pasión y de excesos, carecen de moderación y de ponderación y se convierten en tema de confrontación partidistas con argumentos de muy poco fuste sin análisis previo ni meditación. Una vez más palabras vanas que complican el debate en vez de facilitarlo.

Los excesos del turismo, la saturación de las zonas más atractivas para los turistas, copan buena parte del debate de agosto, un mes propicio a las serpientes de verano por ausencia de temas competitivos para ocupar los espacios informativos. Que hay saturación turística en Baleares (durante la temporada alta) es obvio, que en algunas zonas de Barcelona hay saturación turística, es evidente para cualquiera que pasee por las ramblas, pero de eso a concluir que hay que hay que cerrar el paso al turismo hay mucho trecho.

Los problemas concretos requieren tratamientos específicos y no generales. Ni Barcelona ni otras ciudades turísticas registran entradas de no residentes como Londres o Nueva York que no han apostado por políticas restrictivas al turismo. Hay una panoplia de políticas para ordenar, desincentivar y estimular el turismo sin cortar de raíz, sin intentar prohibir por decreto, lo cual puede ser de nula eficacia además de crear nuevos problemas.

Las tesis maltusianas del agotamiento de los recursos siempre tienen atractivo para los agoreros y los pesimistas, para los que piensan poco y no creen en la capacidad de gestionar y de innovar para gestionar problemas. El turismo es un éxito en España, tan monumental que genera problemas no buscados. La España vacía que contrasta con la saturada, una contratesis para animar el debate, para huir del extremismos y las soluciones no meditadas. Ni vacía ni saturado, lo que hace falta es una España que funcione.