El debate sobre salarios (subirlos) pide voz

Rosell

Las sucesivas crisis internas de los partidos (incluida la peripecia judicial perpetua del PP por la corrupción) y el “proceso separatista” en Cataluña ocupan todo el escenario de debate (?) en la política española dejando aparte los otros temas, entre ellos lo que más preocupan a los ciudadanos: el empleo y los salarios.

Entre las noticias de alcance de los últimos días está el aumento del empleo público mediante sucesivas ofertas de empleo que no solo tratan de reemplazar a funcionarios que se jubilen sino también de incrementar plantillas en organismos que están necesitados de más recursos humanos. Se trata de una novedad desde hace casi una década, desde que las apreturas por el déficit condujeron a recortes en la inversión y a ajustes en las plantillas que pasaron, básicamente, por no renovar los puestos que quedaban vacantes. La convocatoria de oposiciones, que irá a más con el paso de los meses, permite incorporar nuevas personas y también nuevas habilidades, incluidos nativos digitales que deben contribuir a la modernización de la función pública y a ganancias de productividad y eficacia.

Existe el mito de que función pública en España es excesiva e ineficaz. No es cierto, es menos numerosa que la de los demás países europeos y no es menos eficiente; de hecho no pocos ámbitos en los que la función pública española es mejor que la de los vecinos.

Pero el debate más urgente es el de los salarios, un aspecto en el que las divergencias con Europa son manifiestas. La Gran Recesión cursó en España con una devaluación interna de salarios; como no se pudo depreciar la moneda el ajuste recayó sobre el empleo en sus dos dimensiones: cantidad y precio. La crisis se llevó por delante más de tres millones de empleos (casi el 15% del total) y también un retroceso en los salarios medios del orden del 8%. La contrapartida positiva ha sido una inflación mínima (como consecuencia de la estabilidad que aporta el euro) y unos tipos de interés también mínimos que han aliviado la factura a los hipotecados (seis millones de familias) y también al Estado que multiplicó su deuda casi por tres durante la crisis.

Estas son historias del pasado, lecciones que con viene aprender y tener en cuenta. Para el futuro parece obvio que la salida de la crisis requiere devolver la tasa nacional de paro a un solo digito e ir homologando los salarios con los europeos, especialmente los más bajos. Para ganar competitividad habrá que hacerlo con productividad y no con salarios bajos, con capacitación profesional y modernización tecnológica (digitalización).

Patronal y sindicatos tienen pendiente la firma de un acuerdo que sirva de referencia a los convenios y a los salarios. Discuten unas pocas décimas de diferencia. La CEOE (y Rosell no parece muy renuente a ello) tiene una oportunidad histórica para indicar una senda salarial más amplia, aunque parezca exigente para las empresas. Estas tienen la oportunidad del descuelgue en casos críticos, precisamente por ello tendría que asumir una mayor generosidad porque mayores salarios son la piedras angular de más ingresos tributarios, más cotizaciones sociales y más demanda. Es la hora del debate sobre salarios… para que crezcan.

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