Cifuentes, Montoro... tensan la cuerda

Las dos portadas sucesivas de ABC dedicadas a Montoro no son una anécdota en el camino. Al margen del contenido, que solo añade elementos espesos o turbios al ya famoso “Equipo Económico antes Montoro y asociados” el factor temporal, el calendario, coloca al ministro, y a su valedora la vicepresidenta, en zona de riesgo. Montoro ha reaccionado rápido, no tenía opción, el caso del exministro Soria aconseja dar la cara desde el primer minuto, pero solo ha emitido palabras o advertencias del tipo: como se pasen de la raya... se van a enterar, es decir que va a recurrir a los tribunales con demandas o querellas (se verá) a poco que vez empeñado su honor. Pero no está claro que es pasarse de la raya o si el comentario tiene otro alcance.

Es evidente que las exigencias de moralidad, incluso la apariencia de limpieza, se han acentuado, el listón ha subido bastantes centímetros. Lo que se ve por otras latitudes (Francia, el Vaticano...) es que en cuanto hay denuncias el afectado pasa a la reserva para ocuparse de lo suyo. No es el caso en España, ningún partido muestra la menor diligencia para trasladar a sus acusados, implicados, investigados, denunciados… a la reserva.

Los de Podemos, tan rápidos para disparar (en sentido figurado) a cualquier adversario señalado como sospechoso, se vuelven cautelosos cuando los afectados son amigos y compañeros; la doble vara de medir, aquello de la viga y la paja en el ojo propio o ajeno. Sobre la resistencia  en el PP a aceptar la regla de pasar a la reserva a sus acusados no hace falta añadir comentarios.  El mensaje “Luis sé fuerte” es más que un lema, es una forma de vida, ser fuertes y no moverse.

Montoro ha sido repudiado o reprobado por el Congreso, pero es un gesto para la galería, para los titulares, sin consecuencias aparentes. Pero deja huella, amontonar reprobados debilita a un gobierno débil, que necesita votos para pasar leyes críticas. Tal y como se van poniendo los bolos va a resultar complicado pasar el techo de gasto aunque esté pactado. Por más que se esmere Rajoy, ahora, para seducir a sus aliados posibles puede llegar a un punto de no retorno.

Los desplantes entre Ciudadanos y el PP en Madrid, entre Cifuentes y Aguado, reman también en la dirección hacia el punto de no retorno. Tumbar a Cifuentes puede ser el primer paso hacia una fase preelectoral con desenlaces inmediatos. Podría pensarse que el verano, el ferraagosto, proporciona una tregua, que aprobado el techo de gasto (ya veremos) y el Presupuesto (parece garantizado) decaen las hostilidades hasta septiembre.

No va a ser así, Rajoy comparece ante los jueces el 31 de julio, componiendo una fecha y una cita política abierta a varias hipótesis. El fin de la actividad parlamentaria ordinaria no añade factores de tregua, el Congreso seguirá siendo escenario para la confrontación. Los micrófonos de los medios estarán abiertos y hambrientos de noticias. El verano ya no es inhábil por más que los políticos necesiten vacaciones.

Montoro y Cifuentes han tensado la cuerda (o se la han tensado) y no es casualidad, detrás se mueven fuerzas influyentes que quieren mover asientos con consecuencias más o menos confesadas o confesables.