A vueltas con el consejo de RTVE

Los grupos parlamentarios llevan semanas, meses quizá, discutiendo el procedimiento más favorable a sus intereses para gobernar RTVE con el habitual argumento de procurar la independencia y la profesionalidad del medio. Desde el Estatuto (aprobado por el Parlamento en enero de 1980) que otorgó autonomía funcional a RTVE desgajándola del ministerio de Información y Turismo se han  sucedido normas fallidas para alcanzar el mismo fin. De todas las normas quizá el Estatuto original de 1980 era el de mejor factura.

Lo que ahora proponen los grupos se parece bastante aunque sigue barajando el procedimiento para designar un consejo de administración bendecido por el Parlamento, que en la práctica quiere decir elegido por los partidos políticos con un reparto más o menos proporcional al que se llega tras el habitual chalaneo, Yo apruebo a los tuyos que me parezcan bien si tu apruebas a los míos que no te molesten- El resultado final tiende a la mediocridad de forma inevitable.

En esta ocasión la novedad tiene raíz anglosajona y consiste en abrir un concurso público para reclutar candidatos que tendrán que hacer presentación d eméritos ante la comisión correspondiente. Mera formalidad porque los partidos seguirán haciendo lo de siempre, ahora con más disimulo ya que alentarán a sus favoritos a presentarse al concurso.

Si se aplicara las normas habituales en los conventos, incluidos los jesuitas, nadie que presente su propia candidatura merece la responsabilidad; pero el concurso público tiene la apariencia de neutralidad, de igualdad de oportunidades. Cuando veamos la lista de los elegidos podremos sacar conclusiones sobre la bondad y neutralidad del método. Sospecho que seguirán siendo las cúpulas de los partidos quienes elijan y que los candidatos sabrán quien les puso.

Uno de los puntos de discusión ha sido el número de consejeros, a más asientos más posibilidades hay de colocar favoritos. Para las estrategias de ocupación no es lo mismo un consejo de 5 que de 7 o de 9 o de 12. La norma aprobada fija en 9 los miembros del consejo aunque la mala práctica legislativa ha deslizado en otro artículo el número de doce. La cuestión de fondo es como componer una mayoría. A más miembros los grupos parlamentarios tienen más posibilidades de colocar candidato. Con 12 el grupo mayoritario, el PP puede aspirar a 3 ó 4 asientos. Los dos grupos de oposición, que ahora se hacen pucheros, puede aspirar a 2 cada uno, a Ciudadanos le quedaría uno y a los demás grupos (nacionalistas) otro. Si fueran doce la aritmética cambia.

El Estatuto de 1980 decía que los candidatos elegidos deben ser “personas de reconocido prestigio y reconocimiento profesional”. Simplemente con cumplir la ley sin tener en cuenta las simpatías partidistas el objetivo de independencia y profesionalidad estaría logrado. Pero sospecho que compuesto el nuevo consejo  estará clara la filiación, simpatía y procedencia de cada uno de los elegidos, aunque disimulen con la magia del concurso público.

La experiencia dice que ni PP ni PSOE van a renunciar a tener voz y voto en ese consejo; es obvio que Podemos quiere más que eso. Los demás se conforman con entrar y colocar un amigo, aunque sea por concurso público.