Catalanes ante el espejo: Marta Ferrusola en La Vanguardia

La página 18 de La Vanguardia de ayer (miércoles) dedicó a Marta Ferrusola: “Guionista de su propia parodia” dos piezas de calidad firmadas por Antoni Puigverd y Sergi Pamiés que me parece que pueden marcar un hito en la comunión entre la familia Pujol y Cataluña. La herencia del abuelo Florenci no ha servido de burladero para explicar la fortuna evadida de los Pujol. ¿De qué herencia hablas, Jordi?, fue una frase letal de su cuñado que colocó la herencia en el mundo de la ficción.

Marta Ferrusola ha ido emergiendo a lo largo de esta historia golfa como protagonista principal de la misma, “autora de la chirigota que sintetiza su existencia”, titulaba Puigverd su crónica que entierra la reputación de la “presidenta” y de su familia. Pamiés recuerda a Boadella y su “Ubú president” que fue el primer aviso hace muchos años de las irregularidades del President; un aviso que fue rechazado por la sociedad catalana, que empujó al cómico al exilio.  Si entonces esa sociedad catalana, con “La Vanguardia” en cabeza, se hubiera tomado en serio el aviso, la historia del nacionalismo catalán se hubiera ahorrado varias páginas negras.

Las dos crónicas de La Vanguardia sobre Marta Ferrusola son definitivas: “ha dedicado su vida-dice la crónica- a contradecir las bondades que tópicamente se asocian a la catalanidad”. Colocan a la familia Pujol fuera de la foto de los buenos catalanes. “la hipocresía no tiene perdón social”, concluye Puigverd, para explicar la caída dela “casa Pujol-Ferrusola”.

Hace unos pocos meses uno de los economistas secesionistas que predican su buena nueva explicaba en un auditorio madrileño que los catalanes no podían soportar la corrupción madrileña que afectaba a los dos grandes partidos nacionales. Uno de los asistentes le precisó que tenía razón, que era inaguantable, para preguntar a renglón seguido cómo soportaban los catalanes la corrupción propia. Ni hubo respuesta.

También hace un par de años, poco antes de su fallecimiento, escuché a la separatista Muriel Casals que no se podía explicaba el integrismo madrileño, el dominio de la derecha. La pregunté si conocía Madrid y sus gentes, y que, quizá, le convenía repasar la cartelera madrileña de teatro y que luego opinara sobre el carácter de esta singular ciudad y sus moradores. No me costa que lo hiciera ni que le interesara entrar en detalles sobre el tema.

La distancia entre el separatismo catalán y el resto de España es abismal, lo cual forma parte del problema. Trabajar para acercar merece la pena, pero también es hora de que el catalanismo se mire en el espejo, por ejemplo en la casa Pujol-Ferrusola, tan ejemplar, tan patriótica, durante tanto tiempo, y luego se preguntara ¿qué nos ha pasdao? ¿cómo fue posible?