Políticos tertulianos, medios y partidos

La SER y Podemos no se llevan bien, ¿y qué?, ni falta que hace, ni que se lleven bien o mal; quizá, lo saludable sería que no se lleven. Ni la SER con Podemos ni ninguno de los medios con todos y cada uno de los partidos políticos. Las relaciones incestuosas, tumultuosas o concupiscentes entre periodistas y políticos, entre medios y partidos solo traen manipulación, información averiada, tráfico de influencias, ocultaciones, intoxicación… porque los intereses de unos y otros son contradictorios.

La nota de esta semana es que Podemos quiere decidir qué político de sus filas participa en una de las tertulias de la SER, aparecen vetos cruzados entre ambos y se arma el lío, ambas partes defienden su soberanía, su capacidad para decidir. De viejos polvos vienen estos lodos. En el origen del enredo está el concepto de cuotas, los repartos proporcionales de espacio que los medios otorgan a los partidos para aparentar imparcialidad.

El origen de la perversión de las cuotas viene del reparto de la publicidad institucional en la televisión pública (cuando era única) en el arranque de la democracia cuando todo era nuevo y los incipientes partidos carecían de casi todo y a la poderosa televisión pública se le exigía neutralidad o, al menos, una parcialidad minorada, disimulada.

De aquellas cuotas de publicidad se pasó luego a cuotas informativas en todos los medios, una doctrina que asumieron las Juntas Electorales e incluso algunos jueces. Las cuotas son un disparate, ni garantizan neutralidad, ni proporcionalidad, sólo son excusas, también para los medios que en ocasiones sostienen que dando espacio proporcional a todos han cumplido con su deber, han garantizado la objetividad.

De la tesis de las cuotas informativas se pasó al reparto de afinidades en las tertulias que muchos medios, demasiados, negocian (sin reconocerlo) con los partidos para que todos tengan voz y espacio al argumentario de cada día. Una forma de arruinar el periodismo y de otorgar a los aparatos de propaganda del gobierno y de los partidos un poder peligroso poder efectivo que corrompe la información, la profesión y los medios.

Anomalía es que en las tertulias aparezcan en plano de igualdad políticos que representan partidos con periodistas con representaciones múltiples, no confesadas aunque evidentes en muchos casos. Para entrar en una tertulia es conveniente formar parte de una cuota y contar con algunos valedores. El debate entre periodistas profesionales y políticos de parte colocados al mismo nivel es desequilibrado, tramposo en muchas ocasiones. Cada cual a lo suyo y en su sitio, evitando confusión.

La SER, y todos los medios, está en su derecho y deber de invitar a quien le parezca para participar en sus programas. Aunque los partidos también tienen derecho a determinar quién les representa cuando son requeridos para sostener su posición en cualquier tema. Convendría clarificar posturas, que cada medio tenga su manual de comportamiento y que fuera conocido para iluminar a sus audiencias. Aunque los ciudadanos están curados de espantos y ya saben descifrar las claves y calificar a cada parte como merece.