Macron, un prodigio con pocos parecidos

Emmanuel Macron es el personaje del mes, será Presidente de Francia durante los próximos cinco años (nadie duda de su triunfo en la segunda vuelta), con poder ejecutivo pero con el soporte parlamentario que los franceses le otorguen en junio, probablemente insuficiente, tras la segunda vuelta de las legislativas. Va a ser presidente de la República Francesa antes de cumplir los cuarenta, el miembro más joven de clubes tan selectos como el Consejo de Europa o el G20.

Macron es un “niño prodigio” con una carrera académica tan brillan te como la de Obama, quizá el jefe de estado con más méritos en ese sentido del último medio siglo. Macron fue buen alumno de los jesuitas en Amiens, ciudad donde sus padres ejercían la medicina, para ingresar en la universidad de Nanterre a finales del pasado siglo, donde se licenció en Filosofía, con una tesis sobre Hegel y el año 2001 en Ciencias Políticas. El paso siguiente, de 2002 a 2004, fue la Escuela Nacional de Administración del Estado (ENA), donde se recibió como inspector de finanzas, cuerpo antesala de altos cargos. Y desde los 24 años militó en el Partido Socialista, al corriente del pago de cuota.

El siguiente paso, a los 27 años, fue en los despachos del Eliseo junto a personajes centrales de los gobiernos de Sarkozy y Hollande, cuatro años iniciáticos para Macron para conocer los hilos del poder de la República. Con treinta años recién cumplidos, casado con su antigua profesora de literatura (que le lleva veinte años, divorciada con tres hijos), Macron dio un giro en su carrera profesional del sector público al privado, a la Banca Rothschild que pronto le hizo socio muy bien retribuido.

Cuatro años de banquero de inversiones le titularon en altas finanzas multinacionales y, de paso, mejoraron sus credenciales para volver al Elíseo como secretario general adjunto del Presiente. Y poco después Hollande le encomendó la cartera de Economía y la agenda de reformas que aparece entre las razones del desmoronamiento del Partido Socialista.

Hace un año, el niño prodigio abandonó el gobierno, tomó distancia del Partido Socialista y presentó, a palo seco, con sus propias siglas, EM, su candidatura a la presidencia para sorpresa de muchos por carencia de base política. En pocas semanas consiguió muchos seguidores y financiadores para ofrecer algo tan nuevo como inconcreto. En menos de un año ha ganado las primarias y va a ganar las presidenciales. Si carecía de experiencia y de apoyo, el mérito es más llamativo, excepcional.

¿A quién se parece Macron? Algunos dicen que es el Kennedy francés, por joven y glamuroso, pero no me parece una comparación con fundamento. Otros le comparan a Clinton, tampoco me parece consistente. Alguno ha dicho que es como Obama, que ya se ha puesto en contacto personal con Macron. Parece la comparación más cercana, pero lo cierto es que el francés es un enigma, una incógnita, ni es solo un alto funcionario clásico, ni un ejecutivo de éxito, ni un político profesional, es una rara avis en una sociedad tan organizada y exigente como la francesa.
De Macron podemos decir que es un tipo de éxito, un ganador, bastante independiente, aunque muy tutelado. Y poco más, un filósofo hegeliano, un inspector de finanzas, un reformador… pero son definiciones insuficientes.

Antes de cumplir los 40 cualquier persona es más futuro que pasado; el liderazgo de Macron está por consolidar, sus carisma por ponerse a prueba de realidad, pero lo que ha recorrido, su biografía es asombrosa, un prodigio. La experiencia dice que ese tipo de personajes son devorados, abrasados por la política diaria. Vamos a comprobarlo en breve.