Un caso anunciado: el Canal del PP

El Canal de Isabel II es una de las obras de ingeniería hidráulica más estudiadas y destacadas de la historia; iniciada en 1851 abasteció de agua a una ciudad como Madrid desde finales de aquella década, hace 160 años. De entonces acá ha ampliado su influencia y mercado hasta convertirse en una de las empresas más eficientes del sector y también en objeto de estudio delos especialistas Una empresa pública y municipal que abastece de agua a una población residente de más de seis millones de personas además de una importante población visitante o itinerante. El Canal funciona bien, invierte en mejoras, es rentable y cuenta como una de las infraestructuras de servicios más valoradas en los aspectos técnicos. En resumen algo que debería enorgullecer a los madrileños.

Pero eso no puede ser por culpa de la codicia de políticos desvergonzados que encontraron en los recursos del canal, además de agua saludable, una oportunidad para enjuagues para el enriquecimiento propio, el de algunos amigos y también para alentar fórmulas de financiación irregular de las campañas del partido. Otra vergüenza que se suma o varias más.

Que en el Canal había aguas sucias y que el ex vicepresidente y expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González (mano derecha de Esperanza Aguirre), que se ocupaba directamente de controlar la gestión del Canal, estaba sometido al riesgo de investigaciones peligrosas para él, era un rumor permanente en círculos bien informados de la capital, del partido y de la oposición desde hace años. La detención de Ignacia González se dio por inminente en varias ocasiones y se utilizó como argumento para que el Partido (es decir Rajoy) le retirara su confianza y le apeara de la candidatura en las últimas elecciones autonómicas.

La nueva presidenta de Madrid, compañera de partido de González, aunque no de facción, renovó la cúpula del Canal en cuanto pudo y ordenó una auditoria con resultados tan poco ejemplares que se trasladaron inmediatamente a la fiscalía. De esto hace ya más de un año y las consecuencias se producen con la habitual parsimonia de las investigaciones anticorrupción, pero con el ruido habitual. El escándalo arrancó ayer de mañana con registros simultáneos y detenciones, con cámaras y testigos, con cita a varios testigos de tronío entre los que no faltan políticos y periodistas, y con la sensación de que la Comunidad de Madrid presidida por Esperanza Aguirre, incluso antes, las irregularidades tenían carácter más amplio y profundo de los soportable. No estamos ante comportamientos excepcionales, ni casos individuales poco controlables, sino ante algo muchos más extendido y complejo de que desearían los dirigentes regionales y nacionales del PP.

Nuevo caso de corrupción, que estaba anunciado, pero que cuando se ha desplegado con notoriedad, escandaliza y hunde aun más la reputación de la política y de algunos políticos que se han desgañitado proclamando su inocencia. Demasiado como para que no pase nada, para que el viejo (des)orden sobreviva. La brillante historia del Canal de YII no merece a estos tipos desaprensivos.