Susana, como Cisneros, enseña poderes

Cumplen ahora 500 años del gesto del cardenal Cisneros, un franciscano de 80 años que ejercía de Regente de Castilla por mandato de Fernando el Católico, en espera de Carlos, para manifestar su poder a los nobles levantiscos que querían devolverle al convento y le acusaban de carecer de fuerza para resistirse. Cuentan que Cisneros abrió la ventana y mostró a los rebeldes una batería de cañones emplazados en la Plaza de la Paja. “Estos son mis poderes…” arguyó el cardenal. Y asunto resuelto, Carlos llegó desde Gante y se coronó Rey de Castilla y de Aragón, Rey de España y, pronto, emperador de Europa.

Susana Díaz no invocó a Cisneros, ni arguyó sobre su poder, pero hizo la presentación de su candidatura a liderar el PSOE con exhibición de poderes. Entre seis mil y diez mil militantes (calculados por los periodistas presentes) que jalearon a la sevillana de Triana, que dice pertenecer a la “casta” de los fontaneros, por la profesión de su padre. Suele recordar, antes de que se lo esgriman a la contra, que ella es “aparato” socialista por todos los poros, en cuerpo y alma, aparato puro. Al argumento de la militancia presente, la candidata, añadió una fila de cabecera repleta de aparato socialista, de los socialistas que han tenido poder político (los dos expresidentes de gobierno, dos exvicepresidentes, numerosos exministros, presidentes autonómicos, alcaldes que son y fueron, diputados…

Susana Díaz ha llegado la tercera a esta competición de primarias, y no por ello mermada de facultades. Su gran argumento es poco ideológico: “puedo ganar, quiero devolver al PSOE al gobierno de la nación”. El novelista Lorenzo Silva ha titulado la crónica sobre la presentación de la de Triana: “Aquí empezó todo (o nada)” Un titular a la defensiva, para no equivocarse, pero que admite que Susana Díaz puede ser el futuro del socialismo español. O nada.

La gestora convocará formalmente las primarias este fin de semana y concretará los procedimientos de censo, avales, escrutinio, presupuesto… incluso la organización de los debates entre los candidatos que puede ser uno de los momentos críticos del proceso. La siguiente demostración de fuerza estará en los avales, cada candidato debe lograr más de nueve mil firmas (el 5% de 190.000), pero ser el primero en número de avales envía una señal de preferencia.

Susana Díaz ha sido la última en llegar a la carrera, cuando los otros dos candidatos ya han cumplido la primera vuelta por las agrupaciones socialistas, las “casas del pueblo” hoy venidas a menos, aunque siguen constituyendo el foro primario de la militancia tradicional. El voto está más en las agrupaciones que en las redes sociales, fundamentalmente porque los votantes efectivos serán pocos (en torno a 120.000 a todo tirar) un colectivo difícil de reducir a una muestra para un sondeo significativo, lo cual resta valor a las encuestas publicadas, que han girado sobre simpatizantes y votantes más que sobre militantes.

Hasta las primarias quedan sesenta días y sesenta noches, un tiempo suficiente para el despliegue de juego limpio y juego sucio, de talento y de rutina, de efectos especiales, de aciertos y de errores. Lo que ayer quedó claro es que Susana Diaz, aparato en estado puro, se va a empeñar a fondo. A su favor la experiencia de secretaria de organización del socialismo sevillano y andaluz, donde ha hecho frente como protagonista y antagonista de todo tipo de conspiraciones orgánicas de las que siempre ha salido victoriosa. La liga nacional es más exigente. Como sostiene Lorenzo Silva: Susana va a por todo… (o nada).