A Rutte y a Beata Szydko, aplausos desmedidos

Dos políticos con sillón en el consejo de Europa, el primer ministro holandés Mark Rutte y la primera ministra polaca, ganaron estos días el aplauso emocionado de sus respectivas parroquias por dos presuntas victorias que no lo son tanto; especialmente en el caso de la polaca que regresó de la cumbre europea con un rotundo fracaso y con el rapapolvo de sus colegas de consejo.

La señora Szydko pretendió boicotear la renovación de su compatriota Tusk como presidente del Consejo Europeo. No tenía ninguna posibilidad de lograrlo, pero dio la batalla para perderla de la forma más estrepitosa. No solo cosechó todos los votos en contra sino que tuvo que escuchar que quizá había que revisar el reparto de fondos de cohesión con generosidad reducida para los disidentes. Una amenaza verosímil y trágica para Polonia. Pero el gobierno polaco preparó un recibimiento triunfal a su primera ministra, por su defensa de los ¡intereses nacionales! Hay que tener cara para utilizar semejante argumento, confirma la tesis de un veterano periodista norteamericano que sostenía que cuando un político se ampara en los intereses nacionales, en la seguridad del estado, está escondiendo mentiras.

Homenajear a Beata Szydko por su ridículo en la cumbre de Bruselas traslada a los polacos una imagen falsa, un peligroso mensaje antieuropeo y ultranacionalista. ¿Aspiran los polacos a salir de Europa después de lo que les costó integrarse? Su actual gobierno, instalado en la postverdad conduce la democracia al fracaso. Tiempo al tiempo.

El caso de Mark Rutte es menos rotundo. El aplauso de sus colegas de partido al confirmar que ratificaba su condición de primer partido de Holanda, por tercera vez consecutiva, se explica por las expectativas, que eran peores, pero no puede ocultar que ha perdido escaños y votos y que va a encontrar dificultades crecientes para gobernar ya que necesita el apoyo de cuatro partidos que impondrán condiciones que limitarán su margen de maniobra, que ya era bastante estrecho. Rutte podrá formar un gobierno muy centrado, sin escorarse a derecha ni a izquierda, pero con dificultades permanentes para durar.

Más que aplausos Rutte, y los demás, necesitan conciencia de que han perdido la confianza de buena parte de un electorado cabreado y decepcionado; que su situación es precaria y que tienen una tarea urgente; diagnosticar los problemas, explicarlos, construir un relato convincente y gobernar con la terapia de la verdad sobre la construcción europea, sobre los refugiados, sobre la recesión y la salida de la crisis.
Rutte tiene el mérito de que va a seguir siendo primer ministro, como Rajoy en España, pero con una debilidad que solo permite alegría y aplauso durante unos pocos segundos. En seguida hay que ponerse a recuperar la confianza perdida.

PD. Los estibadores han ganado la partida al gobierno con el apoyo de toda la oposición. Han defendido su posición con inteligencia. La imagen puño en alto de los de Podemos aplaudiéndose por su victoria (la de los estibadores, aristocracia sindical) era tan patética como la de Beata Szydko al llegar a Varsovia tras la cumbre de Bruselas.