El Brexit necesita bendición parlamentaria

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Los jueces británicos han concluido que el Brexit no puede activarse sin ser sometido a la consideración del Parlamento. Cualquiera otra decisión hubiera sido anómala o innovadora para el sistema político y constitucional inglés. La soberanía reside en el Parlamento y nada relevante para la nación puede resolverse por fuera del cauce parlamentario. Las consultas populares, la democracia directa, no desbordan al Parlamento.

Otra cuestión es que el Parlamento decida ir contra la decisión mayoritaria de los británicos, que podría hacerlo aunque no es probable. Lo sustancial es que el independiente poder judicial británico ha concluido que el Brexit tiene que ser sometido al Parlamento, a los Comunes y a los Lores. Lo previsible es que una mayoría de parlamentarios aprueben la activación del artículo 50 de los Tratados para proceder a la salida de la unión, al divorcio.

A lo largo de las próximas semanas en Westminster se debatirá y aprobará el Brexit y la señora May remitirá a Bruselas la carta que abrirá la negociación del divorcio más complicado de la historia. La irrupción del Parlamento es solo el aperitivo de su influencia en el proceso. Si ahora los parlamentarios evitan revocar una decisión popular, más adelante mirará con más margen de maniobra la propuesta de divorcio que ultime el gobierno con Bruselas. Si contra el referéndum el Parlamento teme desafiar la voluntad popular, por ajustada que fuera la votación, confrontarse con el gobierno pertenece al ámbito de sus competencias. De manera que el proceso del Brexit será laborioso para los de las islas y para los de continente, y también en el seno de cada parte. Los argumentos en contra del divorcio ganarán entidad a manera que avance la negociación y se evidencien las consecuencias.

La legitimidad de la señora May gestionando el Brexit es frágil, aunque su grupo parlamentario cierre filas, el bloque europeísta es poderoso y a lo largo de los próximos meses puede ganar seguidores. Tampoco hay que descartar que antes de concluir los dos años previsibles de negociación se anticipen las elecciones para renovar Parlamento y Gobierno para abrir otras oportunidades.

Que el Brexit pase por el Parlamento parece lo correcto y lo ortodoxo. El debate parlamentario, por leve que sea, habilitará el despliegue de argumentos con fundamento para que la ciudadanía tenga una idea más clara de lo que está en juego. A lo largo de los próximos meses se van a acumular decisiones y hechos políticos sustantivos en los distintos países centrales de la Unión Europea y en la propia Unión como para estimar que el Brexit está en el principio del comienzo de un complicado proceso con incierto desenlace.

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