Terrorismo y refugiados, conceptos disímiles

Desde el primer minuto del atentado terrorista en Berlín (doce muertos que pueden ser más) la mayor parte de los comentarios, apresurados y con poca información solvente, han vinculado los hechos con la corriente de refugiados acogidos por Alemania: un millón el último año. Algún político alemán, miserable, ha dicho que son los muertos de Merkel. Y en los medios españoles ha menudeado la vinculación terrorismo y refugiados, con una irritante ligereza. ¿Tendríamos que vincular el terrorismo del 11 S en Nueva York o del 11M en Madrid a los refugiados?

No pocas voces en los medios han señalado con aparente benevolencia que entre un millón de refugiados se pueden colar unos pocos indeseables decididos a asesinar. Pero, sin refugiados, ¿no se colarían los mismos indeseables? La vinculación de terrorismo islámico y refugiados es insolvente y peligrosa. Interesa a los propios terroristas y a la extrema derecha que se propone sacar rédito electoral con esa ecuación.

A los medios serios, a los periodistas que se precian de influyentes, se les puede exigir cabeza e inteligencia para construir explicaciones fundadas, meditadas, profesionales. Acoger, sin más, declaraciones de la extrema derecha como la antes citada (los muertos de Merkel) no es un modelo de periodismo objetivo o neutral que acoge todas las opiniones, más bien es actuar de tonto (in)útil que no cumple con ese elemento esencial del periodismo que es verificar las afirmaciones y dar espacio al discurso relevante y fundado.

El mismo día del atentado de Berlín, hubo otro semejante con diez muertos en Jordania, perpetrado muy probablemente por terroristas de la misma inspiración que el de Berlín. Tan terrible uno como el otro atentado, pero el de Berlín provoca informativos extraordinarios y no pocas voces vanas; y el de Jordania apenas ocupa unas líneas en los diarios, o ni siquiera eso.

La gestión informativa del terrorismo ha sido siempre complicada, plagada de dilemas morales y de desafíos para el buen periodismo. Hay abundante literatura como para disponer de criterios y procedimientos razonables, para moverse en un campo que sin disponer de plena seguridad se mueva entre márgenes asumibles.
No se puede ni se debe ocultar información a la ciudadanía, pero sin incurrir en la emoción de especular, de recurrir a la conjetura cuando no hay datos fiables y razonables. De repetir y repetir las mismas imágenes y comentarios para llenar tiempo. Incluso el recurso a expertos que conocen los precedentes y los detalles puede ser un arma de doble filo que convenga, sobre todo, a los propios terroristas que buscan mucha exposición y, sobre todo, aterrorizar.

Por lo mismo conviene no perder de vista la crítica y el cuidado con los milagreros que lo solucionan todo con palabras gruesas. Por ejemplo el presidente electo Trump que promete “mano dura” sin reparar que va a tener muy pronto la oportunidad de comprobar que del dicho al hecho hay mucho trecho y que de la promesa a la realidad también.

El problema de los refugiados es uno de los más complejos a los que tenemos que hacer frente los europeos, que requiere muchas explicaciones, mucho trabajo de inteligencia, de logística, de seguimiento y de información, porque se refiere a valores humanos esenciales que caracterizan nuestra propia humanidad. Tirar por la alcantarilla esos valores por ligereza o por la ambición de ganar un aplauso inmediato o unos votos prestados preñados de miedo sería estúpido y suicida. Terrorismo y refugiados no es una ecuación válida, ambos fenómenos discurren por distintos circuitos.