Podemos a sus 5 millones de votantes

Cómo una marca política novedosa, Podemos, consiguió cinco millones de votantes en uno de los acontecimientos políticos de la actualidad. Tanto como que Trump ganara las presidenciales americanas y antes las primarias republicanas. No quiero compararlos, solo colocarlos en el mismo mapa de lo que podemos llamar serendipia (hallazgo casual) política. Cinco millones de votos de amplio espectro social y múltiples motivaciones que tienen mucho que ver con la decepción de los ciudadanos y con el fracaso de las otras ofertas políticas, especialmente de las tradicionales, establecidas o incumbentes.

El mérito de podemos fue llegar al corazón o al cerebro de personas que se sentían abandonadas por los partidos a los que habían votado hasta ahora. Y no hay que ser un lince para entender que los partidos tradicionales se habían distanciado de sus votantes y operaban en su propia dimensión, en sus entornos endogámicos. El debate político está averiado desde hace años, se nota en el Parlamento y en la calle, la descalificación ha desplazado a la argumentación y eso se paga.

La cuestión ahora es si Podemos sigue conectando con esos cinco millones de votantes. Solo lo sabremos cuando volvamos a votar, lo cual no es inmediato si se cumplen los calendarios. Tal y como están las cosas la primera cita ordinaria (sin anticipos) sería para el Parlamento andaluz en marzo de 2019, y dos meses después tres urnas, una para municipales, otra para autonómicas en 13 comunidades y una tercera para el parlamento Europeo. Y en septiembre de ese año en Cataluña. De manera que el 2019 estaría atravesado por un calendario electoral intensivo. Pero hasta marzo de 2019 faltan más de dos años, ¡una eternidad en política! A lo largo de la cual habrá acontecimientos precipitantes imprevisibles.

De manera que los partidos pueden construir sus discursos sin el agobio de unas elecciones inminentes. De inmediato los cuatro partidos dominantes tienen que celebrar sus Congresos en los que tendrán que definir políticas, estrategias y equipos.

El actual debate que ocupa a podemos es clásico, de la vieja política, debate de nombres y de ideas, todo junto. Sobre lo primero, ideas, el dilema de los del partido morado radica, por lo que dicen, en su la acción política preferente debe desplegarse en las instituciones, en los parlamentos, o en la calle. Un debate táctico que a buena parte de los cinco millones de votantes les dejará fríos, no es eso lo que preocupa al ciudadano medio, ni siquiera al votante medio de Podemos. Sobre lo segundo, nombres, el debate tiene sesgos de novelón con algo de melodrama.

Podemos es un partido, o mejor un movimiento con confluencias que busca el poder para alterarlo, para dar la vuelta a tortilla, como se decía antes. El poder está en el eje de sus discursos, de sus motivaciones y de su estrategia. Una estrategia que pasa por enterrar o arrinconar al PSOE, lo cual explica que el pacto de gobierno de izquierdas, un nuevo Frente Popular que soñó Pedro Sánchez (y algunos otros compañeros de viaje) era muy improbable.

¿Qué les están diciendo los jefes de Podemos a los cinco millones de votantes que les sustentan? En estos momentos poca cosa, están enfrascados en un debate personal e interno clásico, bastante frecuente en los partidos tradicionales, que debe dirimirse en los despachos para llevarlo cocinado a los congresos. Podemos está cocinando su Congreso previsto parta febrero, con tiempo, relativamente a las claras y con evidente distancia de los intereses de sus cinco millones de votantes.