Saracho por Ron, ¿es la solución?

No es el primer golpe de estado en la historia del Popular, en su día, allá por principios de los años cincuenta, Luis Valls llegó a la vicepresidencia ejecutiva del banco con un golpe de mano al consejo, forzado a entregarle el control en vísperas de una asamblea general, una vez conocido que acumulaba un paquete de control reunido tras un discreto y eficaz puerta a puerta a accionistas dispuestos a vender o ceder la representación. La propia consolidación en la presidencia del banco de Ángel Ron el año 2006 también vino precedida y provocada por “ruido de sillones” en el consejo, que forzaron la salida de Javier Valls de forma tan discreta como poco pacífica.

La historia del Popular es apasionante, ha pasado por todo el ciclo del orto al ocaso un par veces; de uno de los mejores bancos comerciales del mundo a uno de los más problemáticos. Si el caso Popular es de estudio por cómo alcanzó la excelencia, también lo es por cómo perdió esa condición para convertirse en un problema de solución incierta. Estos últimos años complicados ha sido capaz de conseguir capital fresco y accionistas comprometidos en el momento más difícil para los valores españoles; pero los cinco mil millones frescos aportados al banco no han sido suficientes, de hecho hoy vale menos de eso. Sigue siendo incapaz de colocarse en zona sin turbulencias, con las dudas del mercado despejadas.

Las últimas semanas han sido pródigas en rumores sobre las desavenencias en el consejo y la pretensión de forzar un golpe de timón (y de cambio del timonel) por parte de una parte del consejo, encabezada por un empresario que no se anda con remilgos ni contemplaciones, el mexicano Antonio del Valle, un tipo con mérito y autoridad que ha visto reducida su inversión en el banco a menos de la mitad en pocos años.

Hace unos meses llegó al banco un nuevo consejero delegado procedente de la competencia, algo poco frecuente en la periclitada cultura interna del Popular, más propenso a los ascensos que a los fichajes. El propio Ron es fruto del ascenso tras más de treinta años en el banco, al que se incorporó con la carrera recién terminada o quizá antes, como estudiante en prácticas.

No ha sido fácil el relevo de Ron, ni él estaba a favor ni el entorno externo, del gobierno al banco de España, estaba por el cambio. Pero la fuerza del consejo es decisiva y en el consejo del Popular hay personajes a los que las fuerzas locales no les quitan el sueño. Además el argumento del “mercadeo” era contundente, la cotización y el valor del banco se han desplomado en pocos años, una catástrofe que no puede dejar indiferente a nadie ni provocar el efecto lógico del fracaso.

La cuestión ahora radica en el rey puesto, en el nuevo presidente que llega con todas las credenciales profesionales, pero con la carencia de un recorrido por la banca comercial, pura y dura, aburrida y exigente, la de depósito y el crédito, del cliente personal, de los colectivos y de las pymes. Es decir el negocio que hizo excelente al Popular, del que nunca debió distanciarse. El presidente que viene procede de la banca de negocios, de las finanzas globales que tan lejos están de la banca al detalle, de tendero y muy prudente gestor de riesgos pequeños.

Pudiera ser que el presidente que llega lo hiciera con un mandato de venta, fusión u otras ingenierías equivalentes. Es posible, aunque no es probable que se reconozca sin ambages. Lo que hay que hacer en un banco que pierde el rumbo es devolverle pagando el precio de la reparación y sin que se note demasiado ya que la confianza es decisiva. El Popular fue un excelente, hoy no lo es, aunque aspirará a volver a serlo. Será otra historia sugestiva, que empieza a escribirse tras el nuevo golpe al presidente.