Rajoy enseña su baza: a elecciones

El presidente del gobierno viaja por la legislatura con el maletín nuclear a su lado, y en el maletín lleva una de sus facultades exclusivas: disolver las cámaras y llamar a elecciones. No puede hacerlo antes de cumplir un año tras las pasadas (junio) pero si tropieza con dificultades insalvables para gobernar tendrá que pedir a los ciudadanos que dibujen otro mapa parlamentario que, en principio parece favorable al PP ya que es el partido más preparado para ir a las urnas.

A Rajoy no se le cae de la boca y del discurso la palabra “diálogo”, aunque es algo que requiere demostración y resultados. Dialogo es un concepto instrumental para conseguir un objetivo. En el caso del Gobierno no es otro que sacar adelante las leyes, especialmente las imprescindibles, empezando por el Presupuesto. Además el Gobierno tiene que evitar que la oposición legisle por su cuenta apoyada en una mayoría efectiva aunque sea diversa e incapaz de construir conjuntamente.

La batalla para que el exministro del Interior no ocupe la presidencia de la comisión de Exteriores es un tema menor, pero que se convierte en relevante porque cuestiona el poder del gobierno. En principio con la alianza con Ciudadanos y poco más debería ser suficiente para que Fernández Díaz logre el premio de consolación que cree tiene merecido, pero van a tener que trabajar para lograr el objetivo.

Un segundo escenario inminente es el de la LONCE, el gobierno está dispuesto y resignado para modificar la ley pero no quiere que se la reformen, perder la iniciativa como pato cojo. La LONCE ya está averiada y descarrilada, el problema ahora es como sustituirla y quien logra dominar el proceso. Y tras la LONCE vendrán otras leyes de la legislatura de mayoría absoluta que la oposición quiere descafeinar.

Otro escenario crítico es el que protagonizan PP y PNV en busca de una nueva relación con provecho recíproco. La iniciativa corresponde a la Vicepresidenta Santamaría que tiene encomendada la agenda autonómica; el PNV insiste en su petición de afecto, de cambio de actitud por parte del gobierno y el PP, lo cual es relativamente sencillo. En su día unas albóndigas caseras degustadas en el domicilio de los Aznar por Arzallus facilitaron el entendimiento entre PP y PNV con buenos rendimientos parta los vascos. No se conocen habilidades culinarias a la Vicepresidenta aunque unos buenos caracoles en Aranda de Duero, a mitad de camino entre Vitoria y Madrid, pueden ayudar. El problema no está en los caracoles, sino en los acompañamientos al plato: cupo, AVE al norte…

Mientras tanto Rajoy vigila y mantiene cerca la bomba disuasoria de la disolución y la convocatoria de elecciones. El PP está bien preparados y lo estará más tras su Congreso de febrero. Algo semejante ocurre en Podemos. No es el caso de los socialistas, ni tampoco de Ciudadanos aunque sea por otras razones, porque al partido de Rivera se le nota estabilidad pero no tanto a sus votantes.