¿Y si... sale un Gobierno capaz?

En breve Mariano Rajoy anunciará la composición de su nuevo Gobierno y empezará a gobernar con plenas facultades, disminuidas solo por su minoría efectiva en la cámara. Las congojas del partido socialista van para largo y van a pesar sobre la legislatura y, muy probablemente, a acortarla. Dice Rajoy, y es poco creíble, que no ha pensado en el equipo de Gobierno, que antes quiere superar la investidura. Si fuera cierto no sería muy responsable, porque componer un Gobierno no es como freír un huevo (algo impropio de una persona como Rajoy) especialmente cuando la situación parlamentaria es de minoría y la situación política y social reclama reformas profundas, de esas que no hacen amigos a corto plazo. Seleccionar bien los ministros idóneos para una etapa tan complicada como la actual no es trabajo que pueda despacharse en un rato. Tampoco se podía enseñar economía a un presidente de gobierno inexperto en dos tardes.

El sentido común y los datos disponibles llevan a pensar que el nuevo Gobierno no será gran cosa, ni personalidades relevantes, ni proyectos ambiciosos, más bien continuidad y reclutamiento de leales, deudores y personajes poco propensos a la renovación. Rajoy y el PP actual son endogámicos, viven en una burbuja que no admite aire fresco. Rajoy es consciente de que tendrá que negociar cada día, cada iniciativa y que necesita a su lado personas flexibles, capaces, pero nada apunta que eso implique audacia ni cambio de talante, le ha ido bien esperar e ir a su bola, y va seguir igual. Tiene un pacto con Ciudadanos, pero eso no le ha acercado ni un centímetro a Albert Rivera con el que mantiene distancia sideral en lo político y en lo emocional; nada les une ni les acerca.

No obstante la necesidad apela a la virtud y no son pocos los observadores enterados que sostienen que ese nuevo Gobierno débil y a “lo Rajoy” puede dar sorpresas y extraer fortaleza de su propia debilidad. Existe un precedente, el del primer Gobierno Suárez, el formado la primera semana de julio de 1976, tras el despido de Arias Navarro alentado por el Rey con sorpresa y audacia. Audaz fue también la designación de Adolfo Suárez que aparentaba estar bastante solo a la hora de componer el Gobierno.

A Suárez le secundaron sus amigos del sector llamado azul o del movimiento y un grupo de democristianos encabezados por Alfonso Osorio. De hecho había alianza previa entre Osorio y Suárez para el socorro mutuo si uno de ellos era el elegido por el Rey. Ambos estaban en la lista corta que casi nadie conocía. Si Suárez fue designado un sábado para ocupar el despacho el lunes, ese mismo día compuso, mano a mano con Osorio, el último Gobierno pre-democrático no sin dificultades para cuadrar una lista de 19 titulares con solo cinco (los tres militares y dos más) que continuaron en el gabinete.

Aquel fue calificado como un Gobierno de penenes, de gentes sin estirpe ni credenciales, ni fuerza para conducir el cambio y el camino hacia la democracia. Pero fue un Gobierno de éxito en una coyuntura muy difícil que sentó las bases (y algo más) para transitar hacia la democracia. ¿Podría ser este nuevo Gobierno que no ha pensado aún el señor Rajoy algo parecido? Hay quien piensa que sí o que quizá. Los sesgos no apuntan en esa dirección, pero... ¿quién sabe?, ¿y si suena la flauta? Como hipótesis puede valer.