Pensiones, un hueso duro para el Gobierno

Los peor que puede ocurrir para abordar un problema serio es confundir al personal, insuflar niebla, intoxicar. Es un riesgo para abordar el futuro de las pensiones, uno de los cinco problemas (paro, salarios, sanidad, educación y pensiones/envejecimiento) que agobian a la mayor parte de los ciudadanos.

Sobre pensiones está casi todo escrito, tomar decisiones prácticas y decisivas es cuestión de oportunidad y estrategia política. Es obvio que el sistema está en un punto crítico que precisa rectificación, es sostenible, pero con algunos cambios que son conocidos; simplemente hay que elegir y antes presentar el diagnóstico y las alternativas, con sus ventajas e inconvenientes. Por eso se equivoca la ministra cuando plantea el tema de la compatibilidad pensión y trabajo remunerado, un problema menor que mal presentado irrita a muchas más personas de las que lo entienden y apoyan.

El diagnóstico es bastante sencillo, la crisis ha mermado seriamente la recaudación, que no consigue mantener el ritmo del aumento de las prestaciones rompiendo el equilibrio financiero del sistema. La hucha servía para equilibrar el ciclo, pero ya sabemos que es insuficiente, que a finales de 2017 la hucha estará agotada, a falta de nuevas medidas para ajustar, o más ingresos (por cotizaciones o impuestos) o menos gasto.

Y hecho el diagnóstico se trata de tomar medidas. Una primera discurre por la metodología: ¿sirve el marco del Pacto de Toledo? No es cuestión baladí porque implica reiterar en el consenso como procedimiento, lo cual pasa por acuerdos PP-PSOE, abiertos a los demás grupos. Para los socialistas del No es NO, se trata de un contratiempo, ya que les lleva a introducir el “depende...”.

Despejado el procedimiento, que pasa por el consenso, una segunda exigencia sería la de la claridad y la transparencia, que supone profundizar en la línea marcada por el primer pacto de Toledo: simplificar el sistema: homologar los regímenes, eliminar bonificaciones y demás erosiones de las bases, probablemente fijar bases de cotización realistas (destapar) y mantener la confianza en la recuperación, lo cual implica trabajar para crear empleo y mejorar salarios. Mantener el sistema, que es bueno y funciona, que es equitativo, pasa porque la economía crezca y con ello aumenten las rentas salariales que son las que alimentan las cotizaciones.

Otro factor clave es tranquilizar a los ciudadanos, evitar las intoxicaciones, por ejemplo esa que dice que la extraordinaria de navidad del 2017 no se podrá pagar, que es el último rumor que extienden los que quieren desestabilizar. El problema de las pensiones es de ingresos, abordarlo implica medidas escalonadas, realistas, que no produzcan efectos indeseables no buscados. Por eso hay que empezar por limpiar, mejorar la eficacia, eliminar lo inútil, y trabajar por la recuperación, por el empleo y los salarios. También hay que huir de los remedios milagrosos, aparentes y a corto plazo. Habrá que tejer un acuerdo realista, pragmático y consensuado, que evite los rumores, la demagogia y las mentiras.