“No es No”, una aportación de Sánchez a la ciencia política

Alguna vez he contado que la mañana que escuché a Pedro Sánchez proponer, en un acto público, funerales de Estado para las mujeres asesinadas por sus parejas, me pregunté ¿qué tiene este señor en la cabeza?, al tiempo que un veterano socialista, sentado a mi lado, exclamaba “¡en manos de que gente hemos caído!”. Dos años después Pedro Sánchez ya no está en primera fila aunque queda su estela, y sus ganas de volver a primer plano, que se puede concretar en la redundante expresión: “NO es NO”, la aportación más importante de Sánchez a la ciencia y la práctica política, a la estrategia del partido socialista español de esta época. Una toma de posición frente al PP y sus dirigentes y electores.

Un lema que hoy orienta a una buena parte del partido, al 40% de su Comité Federal, a no pocos militantes y a algunos de sus parlamentarios decididos a romper la disciplina y unidad de partido al servicio de esa idea. El No es No tiene de fondo negar el pan y la sal al Partido Popular, primer partido español con un suelo de siete millones de votos.

Sin duda una novedad en la historia socialista de los últimos 40 años, durante los que el PSOE ha gozado de mayor influencia en la vida política y social española. Con el “No es No”, no hubiera sido posible la Constitución, ni la Transición para salir del régimen de Franco a una democracia representativa homologada, ni tampoco la integración europea. Desde luego que el PP es el adversario del PSOE, pero eso no significa adversario irreconciliable con el que no se puede ni siquiera heredar.

¿Algún país de la Unión practica estrategias de partido encabezadas por “No es NO”? Desde luego que no en Alemania, ni siquiera en Italia, ni en Francia ni en otros países avanzados de Europa. Quizá se puede encontrar algo semejante en Polonia con las posiciones intransigentes de una derecha dogmática y excluyente.

La mayor parte del ordenamiento jurídico español está formado por leyes posconstitucionales aprobadas en el Parlamento con el consenso, al menos, de los dos grandes partidos. Eso forma parte de la historia del PP y del PSOE, una historia de pactos, de negociaciones, de confrontación, de transacción, de posibilismo y de pragmatismo. Tras el “No es No” hay más postureo que fondo, de hecho el gran debate de estos días para cerrar el paso a Rajoy coincide con votaciones conjuntas (PSOE, PP y Ciudadanos) a normas propuestas por el Gobierno sobre el impuesto de sociedades, la ley electoral y la de estabilidad presupuestaria. Se puede sostener que no es lo mismo coincidir en algunas leyes que dar luz verde a la investidura, pero NO es NO, debe significar NO.

Ramón Jáuregui, dirigente socialista con experiencia y credenciales, ha razonado estos días sobre las oportunidades de los socialistas para influir en esta legislatura en leyes y políticas acordes con los objetivos socialistas. Una hipótesis que bien merece trabajo para elaborar una buena lista de objetivos verosímiles para incluir en los Presupuestos y en otras leyes, por ejemplo en materia de pensiones, de fiscalidad, de dependencia…

Sánchez y sus seguidores, instalados en el No, no, no ven otro camino que ese, aparentemente sencillo, sin cálculo del segundo y tercer movimiento, sin estrategia con posibilidades. El PSOE que sale del Comité Federal de ayer sigue dividido y sin rumbo, pendiente de un Congreso que puede certificar su fractura y su mediocridad porque las situaciones susceptibles de empeorar… empeoran.