Badalona como símbolo y anomalía

El PP de Badalona (10 concejales, 34% de los votos) ha ofrecido a los socialistas del PSC (4 concejales y 14% de los votos) la Alcaldía de la tercera ciudad de Cataluña (tras Barcelona y Hospitalet). Los 14 concejales hacen mayoría de los 27 que forman el consistorio. Los socialistas han declinado la oferta. En su día el PSC apoyó la candidatura del segundo grupo más votado (un conglomerado de Podemos, CUP y varios) que obtuvo 5 concejales con el 17% de los votos. Los socialistas apoyaron sin comprometerse en el gobierno. Si lo hicieron ERC (3 concejales) e ICV (dos). También el concejal de Convergencia que tampoco se sumó al Gobierno. Los otros dos concejales, uno de Ciudadanos y otro de Unió, se desentendieron.

Durante el anterior mandato (2011-15) ejerció de alcalde, con no pocas polémicas, García Albiol (PP) con 11 concejales y el apoyo limitado (ahora se dice técnico) de Convergencia que aplicó la teoría de propiciar la Alcaldía para el partido más votado. Una teoría utilizada cuando conviene y olvidada también cuando conviene otra.

Badalona es un buen símbolo de la geometría variable de los pactos políticos que acaban componiendo extrañas anomalías de muy difícil manejo. Los socialistas, que ocuparon la Alcaldía de Badalona varios mandatos, son ahora la tercera fuerza, pero también la bisagra que inclina hacia uno u otro lado la vara del alcalde. Si apoya al PP la Alcaldía consigue sesgo no nacionalista, pero si lo hace hacia los partidos nacionalistas o casi nacionalistas el resultado es otro.

Desde el pacto del Tinell, que impuso el aislamiento del PP, la política española ha tomado un sesgo frentista que introduce creciente complejidad y que abrasa buena parte de la capacidad de maniobra del Partido Socialista para pactar a uno y otro lado del arco parlamentario. Aquel fue un acuerdo político catalán y para Cataluña pero con consecuencias decisivas para la política española. De aquel pacto oportunista (que tuvo a Iceta de cocinero titular) salió el nuevo Estatuto catalán que tan perversas consecuencias ha tenido para la convivencia política y parlamentaria y para las relaciones con los partidos nacionalistas convertidos desde entonces en secesionistas.

Los socialistas tienen que decidir esta semana un dilema crítico frente al que carecen de estrategia, prisioneros de una táctica que viene del dichoso pacto catalán. Muchos de los nuevos dirigentes socialistas ni siquiera son conscientes del origen de sus tribulaciones, de la carencia de estrategia que ha ido arruinando sus expectativas electorales a lo largo de una década, la etapa de Zapatero primero, y la de Sánchez luego. Por lo que estamos viendo siguen careciendo de estrategia. Badalona es un buen espejo en el que mirarse para analizar lo que fueron y lo que son; fueron poder y ahora son comparsa.