La mesa del Congreso, 1ª escena del Pacto

Al margen de los movimientos subterráneos y discretos, que nunca faltan, el guión del Pacto de Legislatura está por escribir, por no haber no hay ni metodología, que siempre ayuda. El apunte de Ciudadanos de una mesa a tres no ha merecido la menor atención. La primera incógnita relevante que hay que despejar es el gobierno del Congreso, con dos decisiones clave, quién preside y cómo se reparten los nueve sillones.

El modelo de la XI legislatura no sirve; ahora la posición del PP es más sólida y la de Ciudadanos, que fue muñidor del pacto de enero, lo es menos. Entonces ceder la Presidencia al segundo partido, al socialista en la persona de Patxi López, era razonable, al igual que premiar a Ciudadanos con un asiento más del que les correspondía. Detalle generoso fue confirmar los dos asientos a Podemos (les tocaban) aunque el pacto tácito, pero efectivo, de los otros tres partidos podía haberles mermado representación. La contraparte vino luego con una interpretación literal del reglamento para impide formar varios grupos parlamentarios a una coalición, que Podemos había comprometido con sus socios catalanes, valencianos y gallegos.

Ahora el primer dato novedoso es que el PP puede aspirar a cuatro asientos en la Mesa ya que es el cociente entre sus escaños y el total (3,9) y que un acuerdo con Ciudadanos les garantiza (como ahora) el control de la Mesa; reforzado si cedieran la Presidencia a un diputado de Ciudadanos como gesto de delicadeza.

Si los socialistas siguen empeñados en negar el pacto al PP, es previsible que éstos les devuelvan el gesto negándoles cualquier posibilidad de una Presidencia socialista. Solo la alianza con todos los demás grupos permitiría al PSOE conseguir la Presidencia.

El acuerdo sobre la Mesa y la Presidencia marcará la viabilidad del pacto de investidura, aunque tampoco hay que descartar que Rajoy sorprenda a todos con una negociación inmediata y contundente para lograr la investidura en la primera oportunidad, antes de acabar julio, que incluiría como pacto inicial el equipo de gobierno del Congreso.

Por parte de Podemos sus posibilidades están limitadas a obtener dos asientos en la mesa, la cuarta vicepresidencia y el cuarto secretario, dos votos de resistencia en la Mesa y poco más. La obtención de grupos para sus aliados es tan problemática como hace seis meses, casi imposible.

Algo semejante puede ocurrir a Convergencia Democrática de Cataluña que aunque cuenta con ocho diputados no acredita el 15% de votos en dos de las cuatro circunscripciones por las que concurrió, en Tarragona se quedaron en 13,7% y en Barcelona en 12,2%. Solo una interpretación muy benévola del reglamento y la complicidad de los demás grupos permitiría que el tradicional grupo parlamentario catalán repita esta legislatura.

Para ERC quedarse con la marca catalana en el Congreso no les parecerá nada mal, supone demostrar su liderazgo. Y a los convergentes no les quedaría otra alternativa que dominar el grupo mixto con sus ocho diputados, los mismos que la suma de vascos (5+2) y canario (1). Desde IU algunos han apuntado que con sus cuatro diputados en la coalición Unidos Podemos, aspiran a grupo, pero es una hipótesis inviable; para mostrar sus posiciones necesitan que Podemos les ceda minutos y recursos.

Lo óptimo sería un pacto de legislatura para gobernar el Congreso y componer Gobierno, operativo desde el mismo día 19 de julio, pero los antecedentes y la naturaleza de los personajes descarta esa posibilidad; más bien habrá desgaste, amagos, mus negro y algún farol, antes de llegar a un pacto, aunque fuera de mínimos y para arrancar.